Colibrís, la historia del club que duró 5 meses y jugó al lado del río


La Liga MX cuenta con múltiples historias que desearía enterrar y que jamás salieran a flote, siendo una de ellas la que gestó el equipo Colibrís, un curioso experimento que se desarrolló a las orillas de la ciudad de Cuernavaca en el año 2003, gestado en la mente de Jorge Rodríguez Marié, un empresario aeronáutico con aspiraciones políticas en Morelos.

Una cruel historia de inicio a fin

En diciembre del 2002 la Federación Mexicana de Futbol anunció la venta del Celaya. Entonces apareció el apodado Capi Rodríguez, también dueño de Aerolíneas Internacionales, quien compró la franquicia del Celaya para llevarla a Morelos.

Sin embargo, desde las primeras horas hubo complicaciones, ya que Carlos Leonel Trucco, el estratega elegido, declinó estar en el club solo tres días antes de que iniciara el certamen y su sitio lo debió ocupar Sergio Rubio, estratega que había aparecido mayoritariamente en la Segunda División hasta antes de su llamado.

«Lo volvería a hacer, no me arrepiento; de lo único que me arrepiento es de no haber sido millonario para resolver todas las deudas de los jugadores y que salieran libres a hacer lo que sabían hacer. Fue una experiencia inolvidable, conmigo como una persona inexperta en el futbol, el trabajo que se hizo no era para descender”, explicó Rubio a Mediotiempo en 2013.

De la mano de Rubio, Colibrís tuvo un inicio prometedor, al grado de que llegó a ser líder tras las primeras cuatro fechas, en las cuales logró tres triunfos. Un dulce comienzo que se esfumó apenas empezaron a aparecer los impagos y la tensión en un plantel que nunca dejó de trabajar y luchó hasta donde pudo.

Muchas deudas y pobres resultados

Rodríguez, quien debió invertir 26 millones de dólares para crear a Colibrís (cifra que no se supo si cubrió en su totalidad), estaba más inquieto por ganar la presidencia municipal de Cuernavaca, impulsado por el Partido Revolucionario Institucional, que en atender al club, aunque no pudo tener éxito. 

Primero se habló de tres quincenas sin pagos y a partir de entonces se perdió la cuenta. Y como suele pasar, los resultados adversos llegaron de la mano para que se le cortara la cabeza a Rubio, puesto que sería llenado con Zlatko Petricevic, un oscuro personaje que prometió invertir fondos al club y que al final no pudo evitar el descenso. 

«Varios jugadores me preguntaban qué debían hacer porque la persona que cobraba la renta ya casi los tenía con las cosas afuera. Hubo muchas carencias que en ese momento las disfrutábamos porque había que conseguir cancha, agua para los jugadores, andar de un lado para otro, es decir, una labor de obreros, de picar piedra», recordó Rubio.

«En ocasiones la comida era escasa y el Cuerpo Técnico tenía que cederlo, decíamos ‘coman ustedes (a los jugadores) y nosotros nos comemos unos tacos en la calle’, pero lo que yo quería era que se alimentaran ellos porque al día siguiente venía el esfuerzo mayor», comenta Rubio.

Pronto se fueron

La historia del equipo finalizó el 17 de mayo de 2003, día en el que una cruel broma hizo pensar a los jugadores y a sus aficionados que habían logrado la salvación gracias al empate de 0-0 que logró ante Cruz Azul y por una inexistente igualada entre Jaguares y Tecos.

Los aficionados que colmaron el estadio Mariano Matamoros, un inmueble que en uno de sus costados está delimitado por un río, se lanzaron a la cancha a celebrar junto a los futbolistas, hasta que se empezó a regar el rumor de que Chiapas había ganado con tanto de Gilberto Mora y que la salvación le correspondía.

«Fue un momento muy desagradable porque alguien jugó con nuestra ilusión, estuvimos a punto de ganarle a Cruz Azul, Claudinho lloraba porque había fallado un gol de los que nunca fallaba. Cuando nos avisaron, el golpe fue doblemente duro. Un periodista fue el que nos mintió y luego fue un familiar mío el que nos avisó que estábamos descendidos», recordó el líder de aquel equipo, Mario Grana.