El Girona se merece el cielo


Cada semana intento compartir desayuno, muy temprano, no sé por qué siempre es tan temprano (la cita la organizan ellos), en una terracita de Ciudad Jardín, la playa larga que está más pegadita a Ciutat de Palma, con mis dos amigos del alma mallorquines, Alejandro Vidal, un viejo zorro del periodismo y, por supuesto, sabio del fútbol insular y Ricard Cabot, máximo responsable de Deportes del Diario de Mallorca.

La última charla, concretamente ayer, giró alrededor de cómo se puede averiguar dónde hay un buen entrenador. Es evidente, cómo no, que el punto de partida era, para los tres, que, tal vez, lo realizado por Pep Guardiola en el Barça B, cuando empezó a ser campeón de Tercera en Barbastro (yo estuve allí, sí, en junio del 2008), tiene tanto o más mérito que ganar después todo lo que ganó con los jugadorazos que tenía y los que parió.

Alguien recordó que Thomas Tuchel se ha proclamado campeón y todo el mundo bendice su maña para reconvertir a un milmillonario equipo en un once de verdad, pero… hay que recordar que el chico que metió el gol de la Champions, un tal Kai Havertz, costó 80 millones de euros. Y es que, llegados a ese punto, siempre surge la duda: “A ese, al que sea, quiero verlo yo entrenando al Huesca”.

“Para mí”, señaló Alejandro, “un buen entrenador es aquel que gana o convierte en campeón a un equipo que no estaba ni para ganar ni para ser campeón”. “Por ejemplo”, añadió Ricard, “aquel Héctor Cúper, que, con cuatro descartes del Valencia, metió al ‘Mallorqueta’ en Europa”. Y, claro, a continuación hablamos de Diego Martínez (Granada), Fran Escrivá (Elche), Álvaro Cervera (Cádiz), Paco López (Levante)… y tantos otros que no son considerados gurús, dioses, maestros, de los banquillos y demuestra cada día ser enormes entrenadores.

Y, de pronto, bueno, siempre está sobre la mesa, surgió el nombre del Real Mallorca, del Espanyol y del Girona. Y los tres coincidimos que lo que está haciendo el Girona es de traca. Lo que ha hecho Francisco Rodríguez con este Girona, que, como ayer mismo reconoció Pere Guardiola, accionista minoritario pero presidente del Consejo de Administración del club, “tiene un mérito extraordinario, porque ha trabajado intensamente para cambiar el sistema, recuperar futbolistas, encontrar la alineación ideal y, sobre todo, sacar jóvenes para el primer equipo”, es digno de elogio.

En las 13 últimas jornadas de Liga, el Girona ganó 10 partidos, empató dos y perdió solo uno: 32 puntos de 39 posibles. Acabó 5º. Y, mira por donde, en las 10 últimas temporadas, al acabar los ‘playoff’ de ascenso, el tercero de la Liga solo ha subido tres veces; una vez, el cuarto; tres veces, el quinto; dos veces, el sexto y una vez el séptimo, que fue el año que subió el Córdoba (de 7º de Segunda a Primera, porque el Barça B tuvo que renunciar al ‘play off’).

Pero es que, señores, lo de este Girona no es nuevo. En las últimas nueve temporadas, el club catalán ha estado dos años en Primera, ha logrado un ascenso directo (2016-17, con Pablo Machín) y ha jugado tres ‘play off’, perdiéndolos ante Elche, Almería y Osasuna. La injusticia del fútbol es tan grande que podría decirse (y hasta defenderse) que este Girona ya es inmenso por haber llegado donde ha llegado, pero no, si vuelve a caer en la final, volverán a saltar las lágrimas. Y eso no sería justo para un equipo que, en los últimos meses, ha tenido un comportamiento inmaculado. Y ha hecho un gran fútbol.

Resulta desde luego muy paradójico, pero así es el fútbol (y más en el año 2021), así es “la industria del fútbol”, como la llama Javier Tebas, jefe de la patronal, que el club de una de las comunidades más ricas de España sea propiedad del City Football Group (47%), de un magnate boliviano, amigo de David Beckham y socio suyo en el Miami, Marcelo Claure (35%) y de Pere Guardiola (16%), que se las ingenia para ser quien decida (o casi). Y decide bien, sí, sí, muy bien.

Repito, dan ganas de gritar ¡viva vosotros!, por lo que habéis hecho, por cómo lo habéis logrado y con quién lo habéis conseguido. Porque tengan en cuenta que Francisco, que en el descanso del partido de Las Palmas (1-0, en el intermedio; 1-2, al final) estaba despedido (era el 20 de marzo pasado), ha tenido que lidiar con lesiones, sanciones y todo tipo de problemas para reconstruir el equipo, que, ha sido, en muchos momentos, el más joven de la categoría con hasta 7, 8 y 9 futbolistas Sub-23.

Es más, han sido los jóvenes como Arnau Martínez, Santi Bueno, Ibrahima Kebe, Ramón Terrats y Yan Couto, entre otros, los que han reforzado a un equipo donde el meta Juan Carlos, Gerard Gumbau, Sebastián Cristóforo, Christian Stuani, menos goleador (por sus lesiones) que en el 2020, pero importantísimo, y Ramón Rodríguez ‘Monchu’ están protagonizando un final de temporada para ‘campeonar’.

Este Girona se merece una vela en este ‘play off’. Ya es de Primera.