La condición que Laporta le pondrá a Koeman


El presidente del Barça, que ahora confía plenamente en Koeman a pesar de que no era su primera opción, no quiere que el entrenador tenga la última palabra en el mercado de fichajes.

Ningún barcelonista duda a estas alturas que Koeman se ha ganado con su gran trabajo el legítimo derecho a seguir entrenando al Barça con todos los honores. Su hoja de servicios esta temporada es larga, pero destacan dos hitos: haber aguantado la nave en medio de la peor crisis institucional, económica y deportiva de la historia moderna del Barça, y haber sido el primer entrenador desde Guardiola que ha creído de verdad en los jóvenes y que ha sido capaz de evidenciar que mucho mejor que fichar clase media es buscarla dentro de casa. También es cierto que el indudable éxito de Koeman ha pillado con el pie algo cambiado a casi todo el mundo, Laporta incluido: el mito holandés fue un fichaje de Bartomeu como terapia de ‘shock’ después del traumático 2-8, y el que tenía que ser un proyecto de mera transición se está convirtiendo en la revolución generacional y futbolística que necesitaba el equipo a medio y largo plazo.

El presidente, siempre muy respetuoso con Koeman, incluso en campaña electoral, repitió varias veces que los resultados dictarían su destino, que es una manera elegante de confesar que no era su prioridad número uno. Sin embargo, tal como explican fuentes internas del club, la buena marcha del curso y la valentía que ha demostrado el entrenador, han ido convenciendo a Laporta que Koeman es la persona ideal para pilotar el Barça del futuro: así se lo transmitió en privado la última vez que se reunieron. Es cierto que tiene un año más de contrato y que de hecho no hace falta ni una renovación, pero también es indudable que el entrenador se ha ganado el derecho a una ratificación pública del presidente antes de que se sepa si se gana o no algún título, es decir, antes del fin de la temporada.

Sin embargo, hay un punto todavía no resuelto, que tiene que ver con el rol de Koeman en la estructura deportiva: al entrenador les gustaría tener la última palabra sobre los fichajes, pero el presidente quiere reducir su papel a una opinión importante, pero sin capacidad de veto, dentro de la estructura deportiva. Es decir, Laporta quiere que el entrenador holandés tenga plena libertad de movimientos en su rol de técnico pero que no invada las funciones de la secretaría técnica. La frialdad con la que Laporta ha recibido las sugerencias de Wijnaldum o Depay (dos aspiraciones de Koeman) tienen relación directa con este punto todavía no resuelto. El presidente cree que el peligro de que el entrenador tenga poder para fichar es que cuando se va o le invitan a irse, como ya pasó con Luis Enrique (Arda y Aleix), o Valverde (Coutinho y Griezmann), los jugadores continúan y se convierten a menudo en una rémora muy difícil de gestionar. Laporta, pues, confía plenamente en Koeman, pero no quiere que tenga un poder ilimitado. Una condición que parece aceptable y que no puede entorpecer una relación destinada a ser sólida y duradera.

MÉS QUE UN CLUB

Confianza renovada en Planes. Primero fue el número tres con Pep Segura, luego el segundo con Abidal y cuando el francés se fue se convirtió, en plena tormenta del club, en la figura que lideró el mercado blaugrana en el momento más difícil. Que siendo un fichaje de Bartomeu Laporta haya mantenido a Ramon Planes es una prueba que su figura es indiscutible en el mercado y a la vez demuestra inteligencia y pragmatismo por parte del presidente. Cuando se gobierna sin sectarismos, el Barça crece más fuerte.

MENYS QUE UN CLUB

Votos a costa del Barça. ¿Qué pretende el alcalde de Valladolid poniendo tuits incendiarios en pleno partido? Muy sencillo: ganar votos a costa del Barça. Lo más esperpéntico es que las graves descalificaciones de Óscar Puente (“qué desvergüenza”, “qué indecencia”) se referían a dos jugadas (mano de Alba y expulsión por entrada a Dembélé) que las imágenes han demostrado que fueron dos decisiones acertadas del árbitro Jaime Latre. Igual que sucede con jugadores y entrenadores, ¿qué tal un nuevo organismo para sancionar las declaraciones de los alcaldes?