La ‘ventaja’ de jugar sin público


El Barça pisará Valdebebas por primera vez. Su última visita a los blancos fue en el Santiago Bernabéu dos semanas antes del confinamiento. Será una sensación muy extraña para los blaugranas porque un clásico sin aficionados, aunque sean los del eterno rival, pierde mucha emoción. Jürgen Klopp se quejó de ello tras perder en la Champions: “Esto es un campo de entrenamiento, por lo menos en la vuelta jugaremos en Anfield, un estadio de verdad”. El técnico alemán, más allá de si sus palabras son o no afortunadas, se refería al ambiente, a la sensación de partido grande, que es lo mismo que le pasará al Barça. 

Es evidente que el fútbol en pandemia ha cambiado muchas cosas y que la atmósfera no es la misma pero, muchos meses después, podemos llegar a la conclusión de que no todo es negativo. Por lo menos desde el punto de vista del Barça, al que jugar sin sus socios y aficionados le ha servido para crecer sin la presión a la que somete el Camp Nou a su equipo, sobre todo en los más jóvenes y los futbolistas cuestionados por su bajo rendimiento.

Clubes como el Liverpool están acostumbrados a que sus seguidores lo den todo sin estar tan pendientes del juego o de debates alrededor de sus jugadores, pero el Barça es distinto. También en esto. Ni mejor ni peor, simplemente diferente. Mientras los ‘Reds’ han sufrido la ausencia de gente en sus gradas, Koeman ha podido trabajar con cierta tranquilidad ambiental durante los partidos. El equipo ha demostrado esta temporada que, con paciencia, se puede construir un proyecto que empieza a parecer muy sólido. Futbolistas jóvenes como Araujo, Mingueza, Pedri o Ilaix están menos expuestos y cualquier error que puedan cometer penaliza mucho menos sin el runrún de la grada. Lo mismo ocurre con jugadores como Griezmann, al que el socio culé habría pedido más desde su localidad en el Camp Nou. Incluso Dembélé, cuyo crecimiento ha sido espectacular, habría sufrido algún momento la crítica de la afición. O Trincao, otro joven que necesita crecer.

Como futbolista, tengo clarísimo que el fútbol necesita recuperar a su gente pero, dentro de la desgracia que significa ver estadios vacíos, entiendo que esta situación ha sido en cierta manera favorable para el proyecto. Koeman ha tenido tiempo para realizar las pruebas necesarias sin ruido externo y sin el escrutinio constante de unos seguidores blaugranas tan agradecidos en la victoria como exigentes cuando las cosas no van bien. 

Ha llegado la hora de los grandes

El Atlético ha sido el gran dominador de LaLiga y, a poco que recupere un poco las sensaciones, habrá hecho un gran campeonato, gane o no. Han sido sólidos y regulares desde el inicio, pero quizá con ello no baste ante dos clubes que han vuelto a demostrar estar un peldaño por encima. Barça y Real Madrid siguen siendo los dos grandes del torneo de la regularidad y llegan al segundo clásico, el que se jugará en Valdebebas, con plenas opciones de ser campeones. Todo ello pese a un arranque muy malo, con muchas dudas, tanto a nivel de juego como de resultados. Pero ahí estan otra vez: ambos con opciones de ganar dos títulos. Esa base de conjunto grande se tiene o no se tiene y está impregnada en la camiseta y en el escudo. La presión no les supone un inconveniente, sino una motivación. Ese intangible, la experiencia de sus jugadores y el peso de los clubes también juega. Cuando llega la hora de la verdad, Barça y Real Madrid llegan a tiempo para pelear LaLiga a quien ha sido favorito durante meses.