China se enfrenta a un parón económico y productivo que amenaza con ‘sacudir’ al resto del mundo


La recuperación económica global está perdiendo impulso. Una buena parte de esta ralentización del PIB mundial se debe a la ‘crisis’ (si se le puede llamar así) que está viviendo China (Evergrande, energía, parones en la producción…), una economía que supone ya más del 18% del PIB global (en paridad de poder adquisitivo). El próximo lunes se publicará el PIB del tercer trimestre, un dato que centrará la atención de los mercados.

El ‘gigante asiático’ ha pasado a ser la gran preocupación de los mercados, lo que evidencia que el epicentro económico está cada vez más cerca de Oriente y más lejos de Occidente. Pekín tiene que lidiar con una crisis energética sin precedentes a la vez que da inicia a un nuevo modelo menos dependiente de la deuda. Sin duda, estos cambios tendrán implicaciones sensibles para China y el resto del mundo.




La economía de China se ralentiza

Son varias las casas de análisis que prevén que el crecimiento de China caerá por debajo del 5% anual en el tercer trimestre del año, mientras que los precios siguen presionando al alza (una combinación explosiva). Este mismo jueves se ha conocido que los precios industriales (IPP) en China marcaron en septiembre su mayor subida (10,7%) desde que comenzó la serie histórica ante el aumento de los costes de las materias primas, especialmente del carbón.

China se ‘come’ su inflación por el momento

Por ahora, las empresas están reduciendo márgenes e impidiendo que esta subida de precios se traslade a los consumidores y a las exportaciones en la misma medida. China se está ‘comiendo’ su propia inflación en un intento por mantener su competitividad, pero si los factores que están provocando este alza de los precios se prolongan, la situación será insostenible y las empresas tendrán que trasladar este aumento de costes a los bienes y servicios que producen, lo que afectará a las exportaciones y al IPC chino. «Una brecha cada vez mayor entre el IPP y el IPC significa una mayor presión para que los sectores upstream terminen trasladando los crecientes costes al downstream«, asegura Bruce Pang, jefe de investigación macro y estratégica de China Renaissance Securities.

Esto puede generar un problema importante para los países desarrollados, que son los grandes clientes del ‘gigante asiático’ y que ahora mismo ya está sufriendo un fuerte auge de la inflación, que además coincide también con la ralentización de sus economías. La palabra estanflación (bajo crecimiento y alta inflación) suena cada vez con más fuerza, mientras que la energía no para de subir y las cadenas de suministro son incapaces de realizar su función.

Recortes en el acero

La situación parece agravarse por momentos. Este miércoles el Ministerio de Industria chino ordenó recortar la producción de acero en las fábricas de Beijing, Tianjin y Hebei durante el invierno, el período comprendido entre noviembre y marzo. El objetivo es reducir las emisiones para cumplir con los objetivos medioambientales que se ha marcado Pekín. Este se une al parón temporal de otras fábricas que trabajan como proveedores de muchos productos que se exportan a Occidente.

Desde Pimco creen que las subidas de precios llegarán en algún momento: «Después de resistirse durante un tiempo, parece que China también aumentará los precios de la electricidad (están topados por el gobierno) al reajustar el tope de aumento del 10% al 20%, incluso para los hogares… En China habrá subidas de precios, pero los cortes parciales de electricidad también serán una característica hasta finales de 2021, con muchas industrias que verán reducida la energía entre un 10% y un 30%.




Los precios al productor se disparan en China

«Creemos que el riesgo de estanflación está aumentando en China, así como en el resto del mundo», comenta Zhiwei Zhang, economista jefe de Pinpoint Asset Management. «El ambicioso objetivo de medioambiental ejerce una presión persistente sobre los precios de las materias primas, que se traspasarán a las empresas intermedias».

Las medidas adoptadas por Pekín han desatado en el país una crisis energética sin precedentes que está golpeando con fuerza al gigante asiático. La falta de suministro de carbón y los altos precios de la luz está provocando cortes de suministro en varias regiones del país, lo que a la fuerza lastrará el crecimiento económica y reducirá la capacidad de China para producir todo lo que el mundo demanda.

Hay que recordar el papel de China como ‘fábrica del mundo’. En 2020, los bienes ‘made in China’ supusieron un 15% de todas las exportaciones del mundo, una cantidad similar a todo lo que exportan Alemania, Japón y Países Bajos juntos. Si el alza de los precios de producción se trasladan a los bienes intermedios y finales, el mundo empezará a importar inflación de China.

Los analistas de JP Morgan advierten en su análisis semanal de que «los shocks de oferta están poniendo a prueba la política de China… El crecimiento de China se está desacelerando drásticamente el último trimestre tras el fin de los apoyos fiscales y crediticios, mientras que los dirigentes del país han tomado recientemente otras medidas, en particular restricciones en la producción de viviendas y materias primas, que son nuevos obstáculos para el crecimiento».

Desde Natixis señalan que «con todo, esperamos una fuerte desaceleración en el crecimiento en el tercer trimestre, tan bajo como un 4,9% interanual según nuestro modelo de pronóstico inmediato, mientras que se prevé una caída al 3,2% en el cuarto trimestre».

De este modo, la economía de China podría convertirse en una amenaza para la recuperación global a través de diferentes canales. Por un lado, la ralentización del crecimiento chino (el mayor contribuyente al crecimiento global en los últimos años) y el auge de los costes de producción podrían afectar a la economía global a través de los canales comerciales (importaciones) y financieros. Las empresas china no pueden reducir márgenes eternamente, por lo que en algún momento comenzará a exportar inflación, agudizando la subida de la inflación en EEUU o Europa y poniendo ‘contra las cuerdas’ a los banqueros centrales de estas regiones.

Por otro lado, pero muy relacionado con lo anterior, aparece la crisis energética que está impidiendo a las fábricas chinas funcionar con normalidad en un momento muy delicado para las cadenas de suministros y con la Navidad a la vuelta de la esquina en los países desarrollados. Si la ‘fábrica del mundo’ se para, la llegada de los bienes e inputs (acero, cobre…) tan necesarios para el buen funcionamiento de Occidente podría estar peligro.

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