José Guerra: No hay evidencia «para aseverar que la economía venezolana en 2021 haya entrado en un ciclo de crecimiento y expansión»

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El economista y profesor universitario, José Guerra, señaló que “no hay evidencia firme, desde el punto de vista estadístico o fáctico, para aseverar que la economía venezolana en 2021 haya entrado en un ciclo de crecimiento y expansión”.

Asimismo, indicó en un artículo quehay dos factores que están incidiendo negativamente sobre las posibilidades de una recuperación firme de la actividad económica, los cuales son: “la escasez de gasolina y los problemas de movilidad, principalmente de la carga de alimentos y materias primas”.

Sostuvo que “el valor de la cartera de crédito de la banca al cierre de junio de 2021 alcanzó a la menguada cifra de US$ 212 millones, menos del 1% del PIB, dato este insignificante aún para el reducido tamaño de la economía venezolana”.

A continuación el texto íntegro publicado por el economista:

Hay que hacer un esfuerzo monumental para cuantificar lo que está sucediendo con la economía venezolana durante 2021. El BCV publicó las cifras de actividad económica hasta el primer trimestre de 2019, los datos de inflación llegan hasta mayo de 2021 y los de balanza de pagos hasta marzo de 2019. Las cifras bancarias en cabeza de la Superintendencia de Instituciones Financieras están publicadas hasta marzo de 2021 y las de recaudación tributaria del SENIAT, la última disponible es la de 2018. Los impuestos percibidos por el Estado son un excelente indicador para visualizar si hay crecimiento económico, pero no hay datos actualizados. El oscurantismo estadístico en su máxima expresión. Esto no es obra del azar, más bien ha sido una política sistemática por parte del Gobierno de Nicolás Maduro para acabar con el sistema estadístico nacional.

Actualmente hay una discusión entre los analistas acerca de si la economía se está recuperando. Cuando se habla de este tema se hace referencia a un aumento de la actividad económica medida por el producto interno bruto (PIB). Este indicador se puede analizar desde el punto de vista de la demanda, observando principalmente al consumo privado, el cual representa más del 65% del PIB o también sectorialmente dando cuenta de actividades como petróleo, comunicaciones, los servicios del gobierno, entre otros. Para que el consumo privado aumente debe incrementarse el ingreso y principalmente las remuneraciones al trabajo y en este punto la información no es concluyente ya que por un lado los salarios del sector privado en términos reales parecieran estar aumentando modestamente mas no así los del sector público, ante la incapacidad del gobierno de otorgar aumentos salariales a la nómina pública que excedan o compensen la inflación.

Desde el punto de vista de las principales actividades económicas, el promedio de la producción de petróleo durante el primer semestre de 2021 se situó en 504.000 barriles diarios, mientras que en el mismo lapso de 2020 alcanzó a 619.000 barriles diarios, con lo cual denotó una caída de 18,6%. De las telecomunicaciones no se tienen cifras, pero es lícito pensar que allí no ha habido avances importantes porque el número de líneas no ha aumentado y el tiempo de las llamadas y el uso de datos tampoco ha subido. En cuanto a los servicios provistos por el gobierno, las limitadas cifras en cuentas de la Agencia de Tesorería Nacional en el BCV, no reflejan un volumen de gasto significativo. Todo ello abona en favor del hecho de que no hay indicios claros de un aumento sólido del nivel de actividad económica. El sector comercio que algunos lo quieren hacer representar por el fenómeno de los bodegones, expresa una fracción mínima del total de ventas al menor y al mayor, variables fundamentales para el cálculo del PIB de ese sector. Por ejemplo, en 2021, en el Municipio Libertador de Caracas, uno de los más poblados de Venezuela, apenas el 25% de los hogares ha comprado alguna vez en uno de esos establecimientos.

En cuanto a los agregados monetarios y financieros, es de destacar el comportamiento del crédito bancario. En un ambiente de encajes excesivo como los de Venezuela, donde la tasa efectiva supera el 80%, es de esperarse que el crédito se contraiga. No obstante, de acuerdo con datos sobre los préstamos de los bancos al sector privado, éstos aumentaron 2.717% en junio de 2021 respecto al mismo mes de 2020, que al confrontarse con una tasa de inflación anualizada para el mismo lapso de 2.615%, refleja una recuperación de los niveles de crédito. Sin embargo, conviene precisar que aunque esto sea cierto, dados los excesivamente bajos niveles de capitalización de la banca, el volumen de crédito es insuficiente para apalancar una recuperación de la economía. El valor de la cartera de crédito de la banca al cierre de junio de 2021 alcanzó a la menguada cifra de US$ 212 millones, menos del 1% del PIB, dato este insignificante aún para el reducido tamaño de la economía venezolana. En condiciones normales, en Venezuela el crédito bancario alcanzó cerca de 18% del PIB.

Dos factores que están incidiendo negativamente sobre las posibilidades de una recuperación firme de la actividad económica son, la escasez de gasolina y los problemas de movilidad, principalmente de la carga de alimentos y materias primas. Efectivamente, a lo largo de 2021 las restricciones que impone la falta de gasolina están afectando tanto las faenas agrícolas como el transporte de los bienes a los centros de producción y consumo. Ello equivale a lo que técnicamente se conoce como un choque de oferta agregada, con lo cual se significa que el nivel de producción se contrae, generando así, sin otros elementos en acción, un alza de precios.

En conclusión, no hay evidencia firme, desde el punto de vista estadístico o fáctico para aseverar que la economía venezolana en 2021 haya entrado en un ciclo de crecimiento y expansión. Lo que sí parece haber ocurrido es que la caída observada desde 2014 se ha detenido, luego del desplome del 2020. Seguimos en el sótano, a diferencia del resto de los países de América Latina donde es manifiesto un fuerte rebote de las economías, y en algunos casos con valores del PIB que exceden los registrados antes de la pandemia.