La histeria alemana por la inflación desaparece misteriosamente antes de las elecciones


Si hay un miedo acendrado entre los alemanes es el que le tienen a la inflación. Desde hace décadas, el tenebroso recuerdo de la República de Weimar en los años 20, con marcos que servían mejor para empapelar paredes que para pagar, ha hecho a la sociedad teutona (desde los estamentos políticos y económicos hasta la población civil) ahuyentar el fantasma de una subida descontrolada de los precios. Una mentalidad que ha provocado más de un roto en la UE y que ocasiona recurrentes quebraderos de cabeza en el BCE. ¿Ha cambiado de repente ese paradigma?

Lo cierto es que, ahora que se acercan unas decisivas elecciones que ponen fin a la era de Angela Merkel y que la subida de los precios tras la pandemia está en máximos en el país –un 3,9% interanual en agosto, el nivel más alto desde 1993-, apenas se oye mentar al monstruo de la inflación. Temas como las políticas de cambio climático, las infraestructuras, los elevados alquileres y los impuestos son los que están copando el debate económico antes de la cita con las urnas el próximo 25 de septiembre.

En un debate televisado el domingo entre los candidatos que compiten por sustituir a la canciller ni siquiera se mencionó de forma específica la inflación. La huelga de los trabajadores del ferrocarril, que exigen un aumento de sueldo, tampoco se ha caracterizado por la retórica sobre el aumento de los precios. Ni siquiera los medios de comunicación han destacado en exceso el salto más rápido de los precios al consumo desde 2008.

Este silencio contrasta con lo ocurrido hace una década en la zona euro, cuando Alemania se echaba las manos a la cabeza con las economías más laxas al estilo del sur de Europa recordando precisamente la hiperinflación de Weimar. Así lo constata a Bloomberg el acádemico Ferdinand Fichtner, de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berlín, que ve el escenario «sorprendentemente tranquilo en comparación con lo que se hubiera esperado hace 10 años». Incluso, pronostica, el tema no saldrá a la palestra porque hasta los comicios «no habrá nuevas cifras de inflación».

Que la habitual histeria en torno a la inflación se haya contenido supone todo un alivio para el Banco Central Europeo (BCE), que frecuentemente ha sido visto en Alemania como un contrincante por sus políticas contra la crisis y los tipos de interés negativos. En 2012, su entonces presidente, Mario Draghi, recibió un casco prusiano del tabloide Bild Zeitung como recordatorio de su deber de respetar la disciplina en torno a los objetivos de inflación.

Dentro del ruedo político alemán, llama la atención que el considerado partido ultra AfD no haya aprovechado este repunte de la inflación para hacer campaña contra lo que la alta funcionaria y dirigente de la formación Alice Weidel ha descrito como «la forma más antisocial de redistribución».

Entre los otros partidos apenas se han dado menciones puntuales. «La política de tipos de interés cero del BCE no puede continuar, sobre todo cuando vemos una mayor inflación», ha dicho recientemente Friedrich Merz, portavoz de economía de la conservadora CDU de Merkel, junto al líder del partido, Armin Laschet. Ambos presentaron un programa económico de ocho puntos, pero la política monetaria y su afirmación de tomarse «muy en serio» el aumento de la inflación figuraban en último lugar en el plan, y no recibieron preguntas al respecto. Por su parte, el candidato socialdemócrata, Olaf Scholz, dijo la semana pasada que había que vigilar de cerca la inflación, aunque tanto él como sus rivales de los Verdes se han centrado más en la espiral de los alquileres.

Esta ‘relajación’ respecto al tema se refleja en las prioridades de los ciudadanos, sobre todo en las primeras elecciones para los votantes nacidos desde la llegada del euro. Cuando se les preguntó por los mayores problemas a los que se enfrenta Alemania, el 43% de los encuestados citó el clima y el medio ambiente, el 30% la pandemia y sólo el 6% la situación económica, según una encuesta de la ZDF cerrada el 10 de septiembre.

Esto es algo notable teniendo en cuenta que, tradicionalmente, los medios de comunicación han destacado con frecuencia los precios al consumo, que aumentan más rápidamente ahora que en 2011, cuando hubo cierta alarma entre la opinión pública. «A algunos periódicos les gusta hacer campaña contra las altas tasas de inflación y despertar los viejos espíritus, pero el discurso también ha cambiado», explica a Bloomberg Philipp Heimberger, economista del Instituto de Estudios Económicos Internacionales de Viena. «El debate público sobre la política económica y la inflación es diferente».

La gente sigue preocupada por los precios al consumo, pero no tanto como antes. En una encuesta finalizada en julio con el título ‘Los temores de los alemanes’, realizada por la compañía de seguros R+V Versicherung AG, el 50% estaba preocupado por el aumento del coste de la vida, frente al 76% de 2008.

La preocupación por la inflación es comprensible, según Peter Bofinger, profesor de la Universidad de Wuerzburgo y antiguo miembro del consejo de expertos económicos del país. Los alemanes son vulnerables a los bajos tipos de interés y al aumento de los precios porque son muy pocos los propietarios de viviendas, observa. «Si no has comprado una casa, puede ser frustrante pensar que te has perdido algo, ahora la inflación se está acelerando», subraya. «Hay un núcleo racional en la idea de que hay que temer la inflación más en Alemania que en España».

Heimberger atribuye al nombramiento de Isabel Schnabel, perteneciente a una de las nuevas generaciones de economistas alemanes, en el Comité Ejecutivo del BCE desde principios de 2020, el haber ayudado a cambiar el tono. Es «importante ofrecer una explicación objetiva de las recientes subidas de precios y una evaluación de los riesgos futuros, especialmente en Alemania, donde muchos supuestos expertos y los medios de comunicación vuelven a despertar los temores de la gente», apostilla. «Una inflación persistentemente excesiva, como temen algunos, sigue siendo muy improbable».

En cualquier caso, la temperatura del debate podría volver a subir. El Bundesbank alemán calcula que la inflación puede llegar al 5% a finales de este año y otro dato como es la inflación mayorista ha mostrado un repunte del 12,3% interanual, el más elevado desde 1974, en plena crisis del petróleo.


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