La UE ofrece a Reino Unido mejorar el acuerdo sobre Irlanda del Norte mientras Londres intensifica sus amenazas


Una nueva batalla de la ‘Guerra de las Salchichas’ entre Reino Unido y la UE por la aplicación del acuerdo del Brexit se desarrolla esta semana en la Península Ibérica. Desde Marbella, donde está pasando una semana de vacaciones, el primer ministro británico, Boris Johnson, ha indicado que no tiene previsto aceptar las propuestas de la Comisión Europea presentadas este mismo miércoles para solucionar los problemas en Irlanda del Norte. En su lugar, Johnson amenaza con romper el «magnífico» acuerdo que él mismo negoció, llevó de programa electoral, aprobó en el nuevo Parlamento tras ganar la mayoría absoluta y ratificó en diciembre de 2020, que ahora tacha de «inaceptable».

Ayer martes, Johnson mandó a su ministro del Brexit, Lord Frost, a Lisboa, donde dio un discurso por videoconferencia, ante 270 espectadores, en el que alegó que el acuerdo sobre Irlanda del Norte -que mantiene a la provincia británica en el Mercado Común a costa de implantar una frontera interna con Gran Bretaña- fue negociado desde una «posición de debilidad» británica, y que quieren renegociarlo. No solo las aristas, sino desde los cimientos. Para ello aplicaría el llamado Artículo 16 del acuerdo, que obliga a crear un mecanismo de debate en el Comité Conjunto que supervisa la aplicación del acuerdo, para encontrar «soluciones mutuamente aceptables» en caso de que produzca «serias dificultades económicas, sociales o medioambientales». Frost insistió en que su línea roja es la supervisión del Tribunal de Justicia de la UE sobre la aplicación del tratado, algo que exige que se borre de cualquier nuevo acuerdo.

El vicepresidente de la Comisión, Maroš Šef?ovi?, sin embargo, quiere centrarse en mejorar el pacto existente, que insisten en que es el único aceptable para la UE. La propuesta hecha hoy por Bruselas ofrece mejorar la situación en Irlanda del Norte con «soluciones prácticas y creativas» que exploren los límites de la ley europea, para reducir los conflictos por la aplicación del protocolo. «Hemos hablado con los grupos sociales en el terreno y sabemos cuáles son los problemas reales», aseguró.

La propuesta, adelantada ya la semana pasada, permitiría reducir los controles a los productos cárnicos y medicinas provenientes de Inglaterra y destinadas al consumo en Irlanda del Norte, y reducir el papeleo para las empresas. A cambio «necesitamos que el Gobierno británico haga su parte», creando un etiquetado específico para esos productos y colaborando en los nuevos controles, para reducirlos al mínimo. Además, «aumentaremos la participación de las instituciones de Irlanda del Norte», invitando al Gobierno provincial a reuniones con la Comisión para debatir los asuntos derivados del acuerdo e informar de cualquier cambio de las reglas europeas para debatir posibles efectos y soluciones.

El problema central sigue siendo que Johnson aceptó a regañadientes la división interna de su país como forma de resolver el ‘teorema imposible de la frontera irlandesa’. Para no resucitar la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte que dejó miles de muertos durante el siglo XX, solo había dos opciones: o un ‘Irexit’ que nadie en Irlanda quería, o poner los controles aduaneros en medio de Reino Unido. Johnson tachó esta opción de «inaceptable para cualquier primer ministro británico» hasta el día en que la aceptó. Pero el arrepentimiento llegó pronto: cuando sus efectos se hicieron realidad, y las empresas inglesas, galesas y escocesas tuvieron que empezar a realizar trámites aduaneros para poder comerciar con parte de su propio país.

Este miércoles, el que fuera jefe de Gabinete de Johnson, Dominic Cummings, aseguró que Johnson había firmado este tratado sin entender exactamente cuáles serían sus consecuencias -«no entendió qué era la unión aduanera hasta noviembre de 2020»-, y que ambos confiaban en «poder deshacernos de los trocitos que no nos gustaban del acuerdo después de apalizar a [el ex líder laborista Jeremy] Corbyn» en las elecciones de 2019. «Hacer trampas a los extranjeros es parte de nuestro trabajo», sentenció el que fuera mano derecha de Johnson durante las negociaciones.

Para Bruselas, sin embargo, el acuerdo ya está firmado y ratificado, y ‘pacta sunt servanda’. «Esperamos que el Gobierno británico se una a nosotros en un debate franco para mejorar el acuerdo y encontrar las soluciones que Irlanda del Norte merece», dijo Šef?ovi?. El ministro de Exteriores irlandés, Simon Coveney, advirtió que, si Londres va a arrepentirse de un acuerod internacional tan pronto, la única conclusión posible es que Reino Unido «no es un socio fiable», y recomienda al resto de países del mundo no negociar nada con un interlocutor así.

Una realidad compleja

En la propia Irlanda del Norte, la situación es, como siempre, bastante compleja. La provincia, que ha reorientado su comercio hacia la UE, ha evitado el desabastecimiento de comida y combustible que aún golpea a buena parte de Gran Bretaña, con la capital, Londres, como ‘zona cero’ de la crisis.

A cambio, el ambiente político se ha tensado, especialmente entre los unionistas, que ven este movimiento como una traición histórica de Londres. El principal partido del territorio, el Partido Unionista Democrático (DUP), llevó el acuerdo con la UE a los tribunales -que desestimaron el recurso-, alegando que la Ley de Unión entre Irlanda y Gran Bretaña de 1800 prohibía la creación de barreras al comercio interno. Tras dos revueltas internas, el partido va por su tercer líder en un año, Jeffrey Donaldson, que ha amenazado con abandonar el Gobierno y forzar elecciones anticipadas en protesta. Las urnas están programadas, en principio, para el próximo mes de mayo, y el DUP se ha desplomado en las encuestas, dejando en primer lugar a sus archienemigos, los nacionalistas irlandeses del Sinn Féin, que podrían liderar el Gobierno de la provincia por primera vez en la historia.

Aun así, no todo es furia. La tensión callejera se ha calmado desde principios de año, y los partidos unionistas más moderados que están aprovechándose del hundimiento del DUP apoyan la búsqueda de un consenso. Doug Beattie, líder del Partido Unionista del Ulster -la antigua filial de los ‘Tories’ en Irlanda del Norte hasta su ruptura en 1974-, ha pedido «aprovechar el margen de maniobra» dentro del acuerdo del Brexit para encontrar una solución aceptable para todas las partes. Y ha advertido de que la provincia «no puede ser una pelota que se pasen constantemente entre la UE y el Reino Unido».


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