Clint Eastwood: la vida turbulenta del actor y director de cine – Cine y Tv – Cultura


Clint Eastwood llegó a la pantalla con la firme convicción de que sería uno de sus amos: su mirada profunda, sus imponentes 1,93 de estatura, un cuerpo atlético fruto de la natación, además de esa pose de chico malo y tímido a la vez, le abrieron puertas en Hollywood. Y conquistaron a más de una mujer. En un pestañeo ya era considerado un ícono de la masculinidad.

Pero se estrelló. Y fuerte: le llovieron cientos de críticas por tener una cara adusta e inexpresiva, un ojo con estrabismo y la manía de apretar los dientes al decir sus diálogos. Curiosamente, eso que al principio fueron defectos hoy son los sellos de una actuación que completa seis décadas en la pantalla, una carrera que ha diversificado como director y productor y que le ha dejado cinco premios Óscar, entre muchos reconocimientos.

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La vida personal del actor ha sido por años la comidilla de revistas del corazón: hijos extramatrimoniales, infidelidades, escándalos y machismo. “Clint tenía una filosofía de coleccionista de trofeos en lo referente a las mujeres”, relata Patrick McGilligan en la biografía que escribió en los años 90 sobre la turbulenta cotidianidad de Eastwood.
De sus ocho hijos –al menos, los reconocidos–, Kyle es un famoso bajista de jazz y los demás siguieron carreras relacionadas con el cine, siendo el actor Scott Eastwood el de mayor reconocimiento.

Clint Eastwood fue alcalde de Carmel, California, entre 1986 y 1988; su pensamiento puritano y su simpatía por las ideas republicanas le han traído abundantes críticas, tantas como las que ocasionan su afición por las armas y las leyes que favorecen su posesión y uso ilimitado. Es un gruñón de larga trayectoria que concede pocas entrevistas, odia que le celebren los cumpleaños y es famoso por no terminar bien sus relaciones sentimentales ni laborales.

El veterano actor ha regresado para dirigir y actuar. Cry Macho es el título del filme que se estrena mañana y lo trae en uno de los personajes memorables de su carrera, como un vaquero.

“Mike Milo es un tipo que ha trabajado mucho en el rodeo y el rancho a lo largo de los años, pero no está haciendo nada de eso en este momento. Su antiguo jefe es un ranchero adinerado y quiere enviarlo en una misión a México para recuperar a su hijo. Mike sabe que hay muchos otros tipos que podrían hacerlo y no quiere ir, pero las cosas le han salido mal y no tiene opción. Cry Macho narra sus aventuras para traer de vuelta al niño. Es la historia de una segunda oportunidad”, explica el actor.

En la película no hay un tono de venganza o ambición, esos elementos que caracterizaron sus papeles en los wésterns más clásicos. Aquí hay un hombre con la vida desbaratada, que ha perdido a su familia y cuyos días de gloria al lomo de un caballo salvaje quedaron en el pasado. Al viejo Mike le pesan los años. Y aunque al viejo Clint le podría suceder lo mismo a los 91, sus arrugas marcadas, el paso lento y el pelo completamente blanco contrastan con la vitalidad que transmite en la historia que también dirige.

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Atrás quedó el Hombre sin nombre, ese personaje con el que Eastwood se popularizó en la afamada trilogía de Sergio Leone –el padre del spaghetti western, como se conoció el subgénero del cine del oeste de los 60 hecho con poco presupuesto–: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el malo y el feo (1966). Callado, frío, movido por el dinero y con un pasado desconocido, el Hombre sin nombre se arraigó en el corazón de los amantes de los cowboys que habían forjado leyendas como John Wayne, Henry Fonda o Gary Cooper.

El primer papel reconocido de Clint Eastwood fue, precisamente, el de un vaquero más bien dulce, naif y enamoradizo en la serie de televisión Rawhide, en 1958. No le gustaba. Tenía 28 años y venía de enfrentar los pésimos comentarios de su debut en la pantalla, pero el programa alcanzó un éxito inesperado. Después, su camino se cruzó con el de Sergio Leone.

En ‘El bueno, el malo y el feo’, de Sergio Leone.

“Me cansé de interpretar a un buen tipo, al héroe que besa ancianitas, perros y es amable con todo el mundo –comentó el actor acerca de la teleserie Rawhide–. Decidí que era el momento de ser un antihéroe”. Su angelical figura con sombrero se convirtió en la de un malandro que sonríe de medio lado con el cigarrillo entre los labios y fue la que perfiló el que sería su siguiente gran papel: Harry el Sucio, un maestro en patear traseros.

En palabras del escritor Eric Lichtenfeld –un reputado autor de análisis sobre Hollywood y sus estereotipos–, “Harry Callahan fue el primer verdadero arquetipo del cine de acción”. En 1971, el detective de la policía de San Francisco que usaba métodos poco ortodoxos para perseguir a un asesino se convirtió en la película más taquillera del año y en el espacio donde Clint Eastwood dirigió una secuencia por primera vez.

Músico y director

En su trayectoria, Eastwood ha combinado distintos oficios de la gran pantalla: protagonizar y dirigir sus películas –Los imperdonables (1992), Los puentes de Madison (1995), Play Misty for Me (1971), Gran Torino (2008)–; actuar a órdenes de otros realizadores –Harry el sucio (1971), la trilogía de Sergio Leone (1964 a 1966), La leyenda de la ciudad sin nombre (1969), Escape de Alcatraz (1979), En la línea de fuego (1993)–, o dirigir sin actuar –Río místico (2003), Cartas desde Iwo Jima y Las banderas de nuestros padres (2006), Midnight in the Garden of Good and Evil (1997), Sully (2016), Changeling (2008), Invictus (2009)–. Desde 1967 tiene su propia productora –Malpaso Producciones– y cada vez que termina un rodaje incluye en su contrato un carro como parte de su salario.

Película Harry el sucio de Clint Eastwood, 1971

Como el detective Harry Callahan en ‘Harry el sucio’ (1971).

Este hombre de cine fue un gocetas en su juventud. Hijo del empleado de una empresa metalúrgica y de una importante asistente en IBM, es el mayor de dos hermanos (Jeanne es cuatro años menor) y tuvo una infancia y juventud acomodada en Piedmont, California. Fue expulsado de un importante colegio por su rebeldía –destrozó el césped con la bicicleta que se negó a dejar en la entrada– y acabó graduándose de un instituto técnico. “Yo creo que lo que pasó es que empezó a salir y pasársela bien”, cuenta su amigo Fritz Manes.

Me cansé de interpretar a un buen tipo, al héroe que besa ancianitas, perros y es amable con todo el mundo. Decidí que era el momento de ser un antihéroe.

Era un estudiante laxo: debió repetir varios años por sus malas calificaciones, pero al finalizar su bachillerato intentó estudiar música, que lo apasionaba. Pero el Ejército de Estados Unidos lo reclutó. De esa época le quedaron varias cicatrices tras sobrevivir a un accidente aéreo –él junto con el piloto nadaron más de 3 kilómetros luego de que la aeronave se quedó sin combustible y cayó al mar– y una devoción patriótica desbordada que ha plasmado sin pena en sus películas, a veces generando más odios que amores.

Antes de ser actor, el joven Clint repartió periódicos, apagó incendios en el bosque, fue instructor de natación, ayudó a los clientes de una tienda por departamentos y cargó los palos de varios jugadores de golf. Convertirse en músico profesional le resultó una quimera, aunque aprendió a tocar el piano por su cuenta y se enamoró del jazz, un género en el que ha compuesto varias canciones.

Película Million Dolar Baby

‘Million Dollar Baby’, con Hilary Swank, le dio Clint Eastwood su segundo Óscar como director y productor.

Merecedor del Óscar honorífico Irving G. Thalberg a la vida y obra, en 1995, y de cuatro estatuillas más –como productor y director de Million Dollar Baby (2004) y Los imperdonables (1993)–, la carrera de Clinton Eastwood Jr. (nacido el 31 de mayo de 1930) ha sido admirada y atacada, especialmente por un registro limitado en su interpretación.

“Ha buscado trabajar con directores que no lo han llevado al límite. Como realizador es extremadamente competente y tiene visión. Sin embargo, nunca ha escrito nada y rueda con lo que le cae en las manos, jamás revisa un guion”, agrega McGilligan en su biografía.

No abundan, pero hay algunas entrevistas de Clint sobre su trabajo. “Me gustan las primeras tomas porque nunca lograrás igualar la sorpresa de oír por primera vez un diálogo –dijo en un encuentro con los medios en el Festival de Cannes, el sitio más lejano al que viaja de promoción–. Algunos de mis maestros, como Don Siegel (que lo dirigió en varias películas de Harry el sucio) lo hacían así. Por eso tampoco me gustan los ensayos, porque si repites muchos los diálogos se vuelven monótonos. ‘El análisis lleva a la parálisis’, decía Don. Él era muy eficiente. Aprendí mucho de él”.

Clint Eastwood es un hombre de contrastes y difícil de descifrar: el mismo mujeriego y machista fue quien reivindicó a una campeona de boxeo en su película Million Dollar Baby –escrita por el genial guionista y director Paul Haggis– o el que ha sido capaz de defender el uso de las armas en las calles expone el terrible impacto de la violencia a través de uno de sus diálogos en la ficción. Lo cierto es que ya es un dios del Olimpo de Hollywood y su cine está inscrito en la historia de la industria más poderosa del mundo.

SOFÍA GÓMEZ G.
CULTURA EL TIEMPO
En Twitter: @s0f1c1ta

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