La historia de Aries, el disco con el que Luis Miguel alcanzó la madurez y se transformó en un artista de masas


Aries: Luis Miguel y el paso definitivo a la madurez

¿Cómo seguir después de un éxito? La pregunta persigue a todo creador que pase por el gusto de experimentarlo en un disco, una película, un libro o cualquier otra manifestación artística. ¿Caer en la tentación de repetir el truco o animarse a experimentar? ¿Hay una fórmula mágica? Las opciones son tantas como resultados y las pruebas a lo largo de la historia hablan por demás.

En el caso de Luis Miguel, el paso siguiente a Romance (1991) significó mucho más que refrendar un disco exitoso. En lo artístico, Aries (1993) fue abordado como un giro en el rumbo musical lo que significó dejar atrás un cambio de imagen. Atrás quedaba el omnipresente del traje, la gomina y el micrófono Shure: la construcción del crooner latino. Hubo que ir al fondo del ropero a buscar las camisas playeras y a lo más profundo del botiquín para rescatar los protectores solares para encarar parte del repertorio. A partir de entonces, iban a tener que convivir en su repertorio.

Pero había algo más detrás de la decisión artística y estética. También iba a ser el primer disco después de la muerte de su padre, Luisito Rey, el artífice de su carrera y el causante de varias de sus penas. Y si bien hacía un rato ya que su vínculo afectivo y profesional estaba roto, significaba de alguna manera la emancipación: con su padre muerto y sin rastros de su madre desde 1986, Luis Miguel tomaba las riendas de su vida y no hay que perder de vista que por entonces solo tenía 22 años.

La línea temporal de los ’90 en Luis Miguel, la serie se enfoca en este momento histórico. La encrucijada del artista ante un nuevo paso musical y los demonios que lo comían por dentro. La muerte de su padre, la desaparición de su madre, una ruptura amorosa y un éxito avasallante. ¿Cómo seguir después de eso? La respuesta es con un disco que rompa barreras, una vez más.

Luis Miguel – Hasta que me olvides

IMPORTANTE: Si no has visto la segunda temporada de Luis Miguel, la serie es el momento de abandonar este contenido porque tiene muchos spoilers.

“Qué nivel de mujer” es una adaptación al castellano de un tema funk que había enloquecido al artista, que no solo fue a golpear la puerta del grupo californiano Tower of Power para pedírselo, sino que también se los llevó al estudio para participar de su versión. “Hasta que me olvides”, es un original de Juan Luis Guerra que tocaba su fibra más íntima y lo llevaba a la zona de confort del baladista latino de los estribillos épicos. “Suave” es un coqueteo directo con los sonidos del R&B americano, un boleto para la conquista definitiva del público del norte y una letra alegre con la que podía recordar las tropelías playeras de Acapulco. En estas tres canciones se articulan, en ese orden, los tres primeros capítulos de la segunda temporada de la biopic de Netflix. Tres estilos bien marcados, tres estados de ánimo diferentes, el esqueleto sobre el cual construir un trabajo bisagra en su carrera.

Pero no fue sencillo dar forma al proyecto. Micky venía de trabajar Romance a dúo con Armando Manzanero, lo que más allá del nombre propio del compositor, implicaba una homogeneidad musical, un norte claro de antemano y un concepto sobre el cual articular un álbum: el de rescatar joyas del bolero y adaptarlas al presente.

En el caso de lo que iba a terminar siendo Aries, ese concepto fue mutando hasta que se terminó imponiendo casi por decantación. El concepto iba a ser el propio Luis Miguel. Un joven de apenas 22 años que se había pasado más de la mitad de su vida cantando profesionalmente y que se había convertido en el artista más importante de su país, con fuerte presencia en el mercado hispanoparlante y una proyección cada vez más grande por encima del Río Bravo.

El tercer capítulo de la serie muestra a un Luis Miguel perdido en el laberinto de su futuro artístico. Sin un rumbo fijo y acechado por el éxito de un joven demasiado parecido a Cristian Castro, que le profesa su admiración y busca forjar una amistad pero también desafía su cetro de campeón. Más allá de algunas escenas demasiado ficcionadas, alguna fibra se tocó en el corazón competitivo del intérprete de “Cuando calienta el sol”, que tomó una decisión de las fuertes: “Quiero hacer un disco diferente. Necesito temas que muevan masas”, le dice en forma de orden al guitarrista y coproductor Kiko Cibrián. Y se pusieron a trabajar para conseguirlo.

Cristian Valdés y Luis Miguel: celos, envidia y una amistad fallida (Foto: Netflix/ Luis Miguel, la serie)
Cristian Valdés y Luis Miguel: celos, envidia y una amistad fallida (Foto: Netflix/ Luis Miguel, la serie)

Micky había probado suerte con Bruce Swieden, un ingeniero de producción top que había metido mano en algunos hits de Michael Jackson, uno de sus ídolos. Pero el resultado no fue el esperado y tuvo que dar marcha atrás. No le llevó mucho tiempo darse cuenta que tenía que ponerle el cuerpo y se hizo cargo de la producción artística codo a codo con Kiko Cibrián. “Aries fue un reto y una prueba que me hice a mí mismo”, señaló el artista con el trabajo consumado. “Me resultó en un momento dado algo muy tedioso, muy difícil. Me di cuenta que tenían responsabilidades a toda hora y que no me gustan por eso es importante, quiero ver qué pasa con el disco”, le dijo a Juan Alberto Mateyko durante una gira promocional por nuestro país. Se alejó de la zona de confort, y el riesgo valió la pena.

Más allá del hilo argumentativo de la serie, lo primero que se conoció de Aries fue “Ayer”, una letra del cubano Rudy Pérez -principal compositor del álbum- sobre un instrumental de David Foster para que se luzca todo el caudal interpretativo de El Sol de México. “Hasta que me olvides” y “Suave” fueron los siguientes cortes, y el resto de los temas siguió el mismo serpenteo de estilos. “Luz verde” linkea con sus admirados Jackson 5, “Dame tu amor”, aporta toda la sensualidad de los vientos latinos y “Me niego a estar solo” es una balada con los irresistibles toques souleros en los coros.

Un hombre y un signo

Para terminar de dar forma al trabajo, faltaba la carta de presentación. Un título y una imagen, nada menos. Para lo primero, Micky se dejó llevar por su instinto: “Desperté con la idea de que este disco debería llamarse así”, reconoció. “Generalmente los discos se les llama por el nombre de alguna canción, y ninguno de los títulos me decían algo”, contó por entonces. Las canciones hablaban de él pero de un modo más general. No se limitaba a un tema puntual, tenía que ver con su personalidad “Pensé en tratar de relacionar algún pensamiento, hasta que de repente dije, ¡bueno, puede ser mi signo!”

Para encarar la portada, después del perfil de Romance, volvió a la estética de primer plano frontal de Soy como quiero ser o Será que no me amas, pero mucho más cercana y limpia. Le confió la fotografía a Carlos Sononte, quien sería responsable de sus futuras tapas. Como único lenguaje escrito, las cinco letras de su signo, casi imperceptibles a primera vista, selladas como un tatuaje en su antebrazo. La foto es de las más icónicas de su carrera y el actor Diego Boneta, quien lo interpreta en la serie, se dio el gusto de clonarla a modo de homenaje.

Diego Boneta como Luis Miguel en Aries  (Foto: Instagram @luismiguellaserie)
Diego Boneta como Luis Miguel en Aries (Foto: Instagram @luismiguellaserie)

El disco se publicó el 22 de junio de 1993 y de inmediato trepó a lo más alto de los charts de punta a punta del continente. En Argentina superó las 500 mil copias y en Estados Unidos fue el segundo álbum más vendido de un artista latino detrás de… Romance. Para ese entonces, la gira ya tenía un mes de rodaje. Y si el artista tenía alguna duda de cómo iban a funcionar esas canciones en escena faltaba poco para tener la prueba definitiva.

Aries fue el álbum con el que Luismi se convirtió en un artista de masas, haciendo realidad aquel diálogo real o ficticio con su productor. Ratificó el abordaje generacional que había probado con Romance y su público dejó de ser solo de adolescentes para volverse un asunto familiar. ”A mis conciertos vienen esas abuelitas de película con su pelo blanco y también veo niñitas de tres años divinas, una ternura sensacional. Ese público no tenía antes, y eso me da una gran satisfacción”, señaló el artista.

Hasta ese momento, el itinerario de sus giras se basaba en teatros, auditorios y polideportivos que empezaron a quedar chicos. Un caso testigo puede ser el de Buenos Aires, donde remplazó los seis Luna Park de la gira anterior -donde se enteró de la situación terminal de Luisito Rey- por el estadio de Vélez Sarsfield, donde reunió a más de 50 mil almas el 19 de noviembre de 1993. El concierto se transmitió por Canal 13 y puede verse en YouTube. De igual manera conquistó el Centenario de Montevideo, el Defensores del Chaco en Asunción y otros coliseos latinoamericanos reservados para otro tipo de gestas.

Con Aries, Luis Miguel se convirtió en un artista de estadios. Acá la versión de «Ayer» en Vélez (YouTube: Luis Miguel)

Las plazas más chicas quedaron para otro tipo de desafíos. Uno era la competencia consigo mismo, como batir año a año los récords de conciertos en el Auditorio de México, que superaba cada vez que se lo proponía. El otro fue convertirse en el primer artista latino en agotar el Madison Square Garden, en Nueva York, hito que marcó el 11 de septiembre del mágico 1993. La gira por Estados Unidos también dejó cuatro sold -out consecutivos en el Universal Amphitheater de Los Angeles, y tres fechas en el Knight Center de Miami. Todo un logro para un artista fiel a la lengua de Cervantes.

Aries también le valió innumerables premios de la industria, entre los que se destaca el segundo Grammy de su colección y el primero que puede disfrutar realmente como propio. En 1985 había ganado el de intérprete mexicano/americano por “Me gustas tal como eres”, en dueto con Sheena Easton. Con Aries no había dudas que el premio era para él, que se había puesto el proyecto al hombro y que en medio del dolor y la bronca había apostado fuerte. Y como le gusta decir en la ficción a su manager Hugo López, interpretado por César Bordón, en su máxima borgiana: “Nunca nadie se arrepiente de ser valiente”.

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