El empleo y el coronavirus


Las cifras de paro y empleo (número de cotizantes a la Seguridad Social) de marzo indican una leve mejora. Pero ya hace un año de la pandemia y los datos permiten un primer balance de cómo ha afectado la crisis del coronavirus a algo tan esencial para el bienestar social como el empleo. 

Pese al descenso del paro de 59.000 personas en marzo, que ha permitido que la cifra total de parados vuelva a estar un poco por debajo de los cuatro millones (habíamos bajado hasta tres en 2019), hoy hay 400.000 parados más que hace un año. Es un dato muy preocupante (una media de más de 1.000 nuevos parados al día), pero que no abarca toda la magnitud del problema porque todavía hay 750.000 trabajadores en erte (llegaron a superar los tres millones). Sin los ertes, que han tenido un alto coste económico, el paro habría sido descomunal y la crisis sociopolítica insoportable.

Y como no tenemos seguridad de que los 750.000 acogidos hoy a los erte vayan a volver a la actividad (algunas de las empresas acogidas acabarán cerrando), la prioridad de la política económica no puede ser otra que fomentar la creación de puestos de trabajo. 400.000 parados más en un año, más 750.000 acogidos a un erte, son hoy el gran reto a superar.

Por su parte el empleo ha aumentado en marzo -mes tradicionalmente bueno- en 70.000 personas, una cifra que es solo la mitad de la media de los últimos marzos. Pero si le añadimos los 146.000 que han salido de los ertes, el empleo real ha subido en 217.000 personas, un dato más que aceptable. Y la media de afiliados a la Seguridad Social de este trimestre ha sido de 18,9 millones, solo 100.000 por debajo del mismo periodo del 2020. El empleo perdido ha sido inferior al aumento del paro porque debe de haber más población que busca trabajar. 

Pero hay que ser cautelosos con la interpretación optimista. Es positivo, aunque escaso, el aumento de 70.000 cotizantes en marzo y que 146.000 trabajadores hayan salido de los ertes. Pero entre los 18,9 millones de empleos de hoy hay todavía 750.000 en erte. Son muchos, aunque, cierto, muchos menos que los más de tres millones del pico de la pandemia.  

El golpe del coronavirus al bienestar social ha sido espantoso y solo se ha podido aguantar por una extensión, en consonancia con los otros países de la Unión Europea, de medidas de protección social que han hecho subir fuertemente el déficit y la deuda pública. Pero como insistió este martes el FMI, y el lunes la secretaria del Tesoro americano, Janet Yellen, este no es hoy el principal problema. Ahora hay que mantener la protección a la economía, hasta que -con la ayuda indispensable de la vacuna- salgamos de la crisis.

El FMI predijo este martes que nuestra economía, que se hundió más que otras el pasado año, crecerá en el 2021, si la vacunación en la UE no se sigue retrasando, un 6,4%. Es mas de lo previsto el pasado enero y mas que el 4,4% de media de la zona euro. Ahora se trata de no confundirnos de prioridades. La primera es crear ocupación y empleo no temporal de los jóvenes, asunto en el que estamos mal. Muy mal. 

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No se tratará solo de revisar la reforma laboral en aspectos que interesan a los sindicados y sindicatos (convenios de sector o su ultraactividad), sino de impulsar con fuerza, flexibilidad y sintonía con Europa, un modelo económico que no tenga miedo al empleo. Y para ello hará falta equilibrio y mucha sensatez en el Gobierno de coalición, calculada inteligencia sindical y fuerte dinamismo empresarial. 

Si una de estas tres patas falla, todo será más cuesta arriba.