Elecciones en la Comunidad de Madrid: Los rotos que dejará el 4-M


Sería lógico que unas elecciones que se celebrarán cinco días antes del final del estado de alarma, después de un año devastador en vidas, empleo, prosperidad y expectativas de futuro, en una comunidad con un impacto de la pandemia sensiblemente más grave que la media española gracias a una gestión más que discutible, se convirtieran en un contundente ejercicio de rendición de cuentas. Pero parece que el inmenso cansancio por todo lo sucedido en el año del covid, las ganas de olvidar que también se intuyen en la calle, no conforman el contexto propicio para que esa sea la clave que decida el sentido del voto de gran parte del electorado. O en todo caso, esas ganas de dejar atrás lo sucedido hacen que premien las políticas de bares abiertos y calles llenas, sea cual sea el sobrecoste sanitario, ante que evaluar responsabilidades e irresponsabilidades.

Pero no todo sucede espontáneamente. La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha sido por supuesto la principal interesada en que el único referente para pronunciarse en unas elecciones convertidas en plebiscito sea la identificación, con motivos viscerales y primarios, que no razones, con uno de los dos bloques enfrentados. El grotesco socialismo (comunismo más tarde) o libertad con que el PP abrió la precampaña. Replicado con una apelación a la confrontación frentista con la entrada de Pablo Iglesias en liza con un planteamiento, democracia o fascismo, que debería resultar tan hiperbólico como el anterior (aunque las amenazas de muerte y las amenazas a la convivencia lanzadas desde la extrema derecha hagan que el peligro sobre el que se alerta sea sensiblemente más plausible).

Faltan pocas horas para que se conozcan los resultados en términos electorales de la construcción interesada y entusiasta de este clima de confrontación. Las encuestas y predicciones apuntan a que la polarización ha sido más favorable a Ayuso, en términos de monumental maniobra de distracción, que para las izquierdas, en tanto que factor de movilización. El reconocimiento a una campaña que ha intentado poner en primer plano las necesidades de los madrileños se ha reflejado más en las expectativas de la candidata de Más Madrid que en las del socialista Ángel Gabilondo, pero sin convertirse, al parecer, en el factor decisivo. Las posibilidades de dar un vuelco a las predicciones se asocia a que se produzca una movilización del votante progresista en clave fuertemente ideologizada.

Los resultados de las elecciones autonómicas en Madrid no pueden extrapolarse de forma directa y automática en todo el panorama político español. Pero sí que tendrán consecuencias directísimas. Una victoria sin paliativos de Ayuso será un éxito personal para ella. Pero una amenaza para Casado. Y un fiasco para los barones del PP que confiaban con reconducir el partido hacia una moderación constructiva. Un Gobierno atado de pies y manos a Vox puede revalidar la presidencia de la madrileña, pero falta ver cuáles serían los efectos en otras plazas no tan favorables para la extrema derecha de Abascal. Por no hablar de en qué quedará el futuro político de Iglesias o de Ciudadanos como opción política.

Pero una cosa es cuál sea el veredicto de las urnas tras unos comicios planteados sobre estas bases. Y otra, los resultados en términos de convivencia ciudadana, de desintoxicación del clima político y de oportunidades de entablar acuerdos y pactos de Estado. En este sentido, suceda lo que suceda esta noche, el balance es desalentador.