«Emotional eating», comer por estrés o tristeza





El cine nos tiene acostumbrados a ver escenas donde tras un desengaño amoroso alguien se atiborra de helado. Comer buscando consuelo es una respuesta emocional de nuestro organismo a un estado de ánimo frecuentemente de depresión o estrés. Esta alimentación emocional va más allá de la repuesta fisiológica al hambre. Comer provoca estímulos emocionales inmediatos, pero habitualmente no resuelven el problema y además acaban en excesos.

La conexión directa entre intestino y cerebro se ha demostrado en múltiples investigaciones. Los neurocientíficos insisten en cuidar la relación entre nuestra neurología y el intestino. El endócrino Carlos Rodríguez insiste en que además afecta a nuestras defensas, “en el intestino se origina el 75% del sistema inmune y es razonable que la despensa del intestino fabrique lo indispensable para este”.

La confusión entre hambre fisiológico y hambre psicológica o emocional tiene una base biológica, según Rodríguez “los neurotransmisores que tienen mucho que ver en nuestro bienestar también se fabrican en nuestro sistema digestivo. Aquí se fabrica la serotonina, la hormona de la felicidad”.

El 40 % de la población adulta mundial tiene sobrepeso

En ocasiones, no es fácil identificar qué tipo de hambre es el que reclama alimentos ya que “cuando picamos algo encontramos satisfacción porque el organismo tiene un sistema autónomo que nos impulsa a demandar satisfacción fundamentalmente en hidratos, patata, dulces o chocolate”. La creciente ingesta desordenada de un sector de la población eleva alarmantemente la tasa de obesidad, un 40 % de adultos en todo el mundo tiene sobrepeso y un 15 % obesidad, según la OMS, la organización Mundial de la Salud. De ahí la alerta de los sistemas sanitarios para cuidar los hábitos de conducta alimentaria. Esto incluye cuidar la salud física y mental. Recomendaciones básicas como buscar un horario fijo para las ingestas, calidad de sueño e incluso la OMS recomendaba en un estudio del 2019, realizar actividades lúdicas como escuchar música, leer o visitar museos y teatros.