La Jaima de la Republiqueta


Algunos medios han publicado que Marruecos se plantea ofrecer asilo al Vivales, es de suponer que en el más amplio sentido de la palabra, puesto que, al paso que va, este hombre será cliente potencial de asilos y geriátricos y estará todavía vagando por el mundo. El uso del verbo ‘vagar’ para definir al Vivales es afortunado hallazgo de Presidentorra, que sin quererlo retrataba así el poco amor al trabajo del ilustre fugado.

Si se trata de que el mundo nos mire, no hay duda de que la imagen en chilaba del ‘expresident’, recibiendo en una jaima a los lacistas que van a rendirle pleitesía, será mucho más potente que la llamada Casa de la Republiqueta, que no pasa de ser un chalé kitsch de nuevo rico con pretensiones. A la Jaima de la Republiqueta, que tal será su nombre, los miembros del Consejo de la Republiqueta no van a tener que pelearse por una silla, puesto que se sentarán en el suelo. Quien sí lo va a pasar peor será el pobre Matamala, que gracias a pasar el aspirador al chalé de Waterloo y tenerlo como los chorros del oro, consiguió ser nombrado senador por Aquel Que Todo Lo Puede. En la Jaima de la Republiqueta se le va a multiplicar el trabajo, que a la que te despistas se te mete arena, y de los rincones no hay quien la saque. El cargo de senador es poca cosa para recompensar la faena que se le viene encima, y ello suponiendo que haya electricidad en el desierto, que si no, se va a pasar el día escoba en mano.

En cambio, cada vez que los del Consejo de la Republiqueta se bajen al moro para rendir visita al amo, podrán sufragarse el viaje subiendo costo del bueno, como se ha hecho toda la vida. Lo vamos a agradecer todos los catalanes, que somos quienes ahora acabamos pagando viajes, dietas y estancias a esta tropa. Será digno de ver, a la vuelta, sacudiéndose todavía la arena de los zapatos, cómo convierten el Parlament en un zoco, que bien mirado es la única manera de hallarle alguna utilidad a la cámara. Gobernar, no saben ni lo que es, pero a hacer negocios nadie tiene que enseñarles. ¡Cómo va a correr el chocolate por el hemiciclo! ¡Qué de políticos descubrirán que finalmente son útiles a la sociedad!

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