La Meca del catalanismo, por Sergi Sol


Fue el nuncio vaticano, Tedeschini, quien así definió Montserrat en un informe para Su Santidad, el Papa Pío XI. Eran tiempos de Primo de Rivera, el dictador que en su afán por eliminar todo vestigio de catalanidad prohibió el uso del catalán e incluso las sardanas. Para el representante papal la conclusión era clara, Montserrat era “la Meca del catalanismo”.

En buena medida, Primo de Rivera fue el responsable de la conversión al catalanismo de un monárquico como el cardenal Vidal i Barraquer. Este tuvo que lidiar con uno de esos cíclicos episodios sobre el uso del catalán, pues fue denunciado por utilizar esa lengua en una pastoral. Luego resultó que el ingenioso cardenal en realidad solo habló en latín, lo que provocó el ridículo de las autoridades españolas ante la Santa Sede.

Lo cierto es que Montserrat es un icónico imán, tanto espiritual como simbólico, en todos los aspectos. No en vano, San Ignacio de Loyola pasó por Montserrat luego de su rauda conversión a la fe, para, renglón seguido, en la Cueva de Manresa, escribir sus ‘Ejercicios espirituales’ que dieron lugar a la fundación de la poderosa Compañía de Jesús. Tal poder de atracción poseía Montserrat que los nazis creyeron que sus monjes ocultaban el Santo Grial. Himmler en persona visitó Montserrat en su alocada búsqueda de símbolos para mitificar el Reich de Hitler.

Tras 21 años de mandato de Josep Maria Soler, los monjes de Montserrat han designado como nuevo abad a Manel Gasch. Las órdenes religiosas escogen democráticamente a sus representantes sin que medie intervención de Roma. En la ceremonia abacial de toma de posesión estaban el ‘president’ Pere Aragonès, la ‘consellera’ de Justicia Lourdes Ciuró, la presidenta de la Diputació de Barcelona, Núria Marín, y también otros nombres destacados como Oriol Junqueras y el diputado en el Congreso Joan Capdevila. Además de Joan Laporta o el obispo de Atenas, Manuel Nin, monje de Montserrat.

Las primeras palabras del ya abad de Montserrat fueron en sí mismas una declaración de intenciones enraizadas en el significado y papel histórico de Montserrat cuando solemne proclamó que ponía “el futuro de la comunidad y de nuestro abadiato a los pies de la Moreneta, junto con la tierra de Catalunya, de la que es patrona”. La Moreneta y Catalunya. No hay una sin otra.

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Hay otros símbolos religiosos en Catalunya. Como Poblet o Núria. Pero ninguno hace sombra a Montserrat y no solo por estar en lo alto de una montaña de una belleza sin igual, una montaña que se yergue ante la región metropolitana. Se alza de la nada, bien lo saben los penitentes que suben desde Monistrol de Montserrat, al pie de la montaña. Hay mil posibilidades de acceder a pie por Montserrat. Todas ellas abruptas, conmovedoras. Pasando por el Monasterio de Sant Benet donde reside la monja Teresa Forcades, también benedictina. Luego recorriendo el Camí dels Degotalls, pasaje bendecido por multitud de congregaciones del país que han dejado ahí su impronta en su peregrinación anual. Para luego acceder a la Basílica de Santa María. O tal vez dar un rodeo para acercarse a la Santa Cova. O seguir hasta arriba, ya sea hasta la cima de Sant Jeroni o Santa Magdalena y su infinidad de ermitas. Todas ellas destruidas en la llamada Guerra del Francés por el Ejército napoleónico pues eran bases guerrilleras.Aunque Montserrat también ha sufrido vaivenes. Entre otras, por esa furia anticlerical que llevó a la borrachera de sangre de verano de 1936. El mismo Josep Benet, interno de Montserrat en su juventud, se salvó de morir asesinado en julio de 1936 porqué afortunadamente estaba en casa disfrutando de las vacaciones. Ahí están los Tercios de Montserrat y la polémica cripta dedicada a los Requetés que combatieron con el bando franquista. Franco la visitó y ensalzó a aquellos hombres «que su sacrificio por Dios y por España esté siempre presente en esta montaña».Una gota de agua en un océano puesto que la extrema derecha no dudó en quemar la montaña en 1986, consciente de lo que representaba para Catalunya. El mismo Régimen franquista expulsó al abad Escarré en 1963 cuando declaró a ‘Le Monde’ que Franco no obedecía los principios básicos del cristianismo. Y para la posteridad, el archiconocido episodio del encierro de Montserrat. Sucedió en 1970, justo cuando nació el abad Manel Gasch, 300 intelectuales se encerraron en el Monasterio en solidaridad con los condenados en el Proceso de Burgos, con la bendición del incombustible abad Cassià Maria Just.Qué duda cabe que junto a la espiritualidad, el nuevo abad siente ya sobre sus espaldas el peso no solo de esos mil años de Montserrat que, si Dios quiere, se celebrarán bajo su mandato, sino también ese vínculo indisociable con la democracia y Catalunya en los últimos siglos.