La profesión lo echará mucho de menos, por Enrique Arias Vega


Aprender, con mayúsculas, se hace de poca gente. En mi caso fue de Antonio Franco, con quien tuve la fortuna de compartir trabajo una parte de mi vida. Antonio era grande, en todos los sentidos de la palabra, pero sin darse más importancia que la de cualquier redactor de periódico, porque el trabajo le absorbía, pero su capacidad de compartir el éxito era innata en él. 

Fundó EL PERIÓDICO DE CATALUNYA y lo dirigió con ecuánime modestia durante dos épocas de su desarrollo. El crearlo fue un reto y una osadía, pues combinar un periódico serio con el formato más atractivo de la prensa no convencional -que ahora es un lugar común en la prensa-, en su época nadie se había atrevido a intentarlo. Lo consiguió y tras él cambió el concepto de periodismo. 

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Apasionado de los grandes temas, también lo era del detalle -desde la tipografía, que dominaba,  hasta la semántica del libro de estilo de la redacción-. Por eso, entre otras cosas, tuvo éxito en todas las innovaciones que impulsaba. Y con su carácter, extravertido, coloquial, directo, afable y dialogante, conseguía la devoción de unos redactores que se dejarían arrancar la piel por él. 

Ahora, que ya no está, la profesión le va a echar mucho de menos, sobre todo, en unas horas de crisis en las que hacen falta gentes con su talento, su bonhomía y su capacidad de hacer fácil lo difícil y posible lo inverosímil .