Liberemos al pezón | Artículo de Care Santos


La moda no es ajena a los envites de la historia. Del mismo modo que la primera guerra mundial hirió de muerte al corsé, parece que el confinamiento ha desterrado al sujetador al cajón más escondido del armario. Por lo menos mientras dure el teletrabajo, las reuniones virtuales y la vida de puertas adentro, las mujeres de todo el planeta hemos decidido librarnos del sujetador. Qué alivio o qué sorpresa, según quién hable. El diario inglés ‘The Guardian’ ha publicado los testimonios de varias mujeres acerca de su modo de ver no solo la prenda sino su propio cuerpo después de los meses de encierro pandémico. Lo resume el comentario de una de las entrevistadas: «Pensé que si el confinamiento duraba mucho me iban a llegar las tetas a la cintura pero, una vez he visto que la gravedad no las ha afectado mucho, puede que no me ponga un sujetador nunca más».

El mundo se divide ahora en quienes aman el sujetador y en quienes lo odian. Los hombres opinan, casi siempre demasiado, pero está claro que es un asunto nuestro, de las mujeres. Ponérnoslo o no, con sus cómos y sus cuándos. Quitárnoslo de un modo visible, estentóreo, casi revolucionario, o defender la naturalidad de vivir sin sujeciones. Siguen existiendo mujeres a la caza del sujetador perfecto, el ideal, el que embellece pero no molesta, si es que tal cosa existe en alguna parte. Pero la mayoría de nosotras ha cambiado sus gustos. Quienes antes no se quitaban nunca el sujetador con aros, ahora solo usan sujetadores deportivos, ‘bralettes’ (lo último de lo último) o ‘sleep-bra’ (es decir, sujetadores de dormir, algo que para mí aún es una incógnita). El sujetador como pesadilla, como enemigo, como antigualla. O como exaltación de la feminidad, como afirmación, como alivio. Hay opiniones para todos los gustos. Y todas se conjugan con la palabra libertad, que últimamente sirve para todo.

Tendencias y militancias

También hay tendencias y militancias. Está el movimiento Braless (sin sujetador), que es mucho más que una moda pasajera. Incluso existe un día internacional sin sujetador: The Braless Day. Se celebra el 13 de octubre y pretende servir de excusa para que mujeres de todo el mundo se atrevan a salir de casa sin sujetador. Acabo de mirar la agenda: cae en miércoles. Para quien teletrabaje va a ser fácil cumplirlo. Porque eso también es tendencia: ahora las mujeres solo nos ponemos el sujetador para salir. De puertas adentro reina la teta sin yugos y el pezón libre.

Luego está el movimiento de liberación del pezón. Todas estas cosas siempre suenan mejor en inglés, así que: FreedTheNipple. Se trata de quitarse el sostén, ponerse ropa transparente y lucir pezones con mucho orgullo. La modelo estadounidense Kendall Jenner, una abanderada de la causa, lo explica en sus redes: «Es guay, es sexi, yo me siento genial con mis tetas y además, qué importa». Exacto, Kendall, querida, si yo tuviera tu edad y tus tetas, no me taparía nunca. En lo único que discrepo es en que sí importa. Importa porque tu causa tiene caras muy serias. Por ejemplo, en aquellos países donde las mujeres podemos ser detenidas por mostrar el torso desnudo (incluso en la playa) o en aquellos otros donde enseñar las tetas sigue siendo considerado una provocación y, más aún, una ofensa seria. No son pocos.

Estados de ánimo

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Y como toda cara tiene su cruz, en el otro lado de esta balanza están las defensoras del sujetador, incluso del acorazado. También aquí la variedad es grande. Está de moda la ropa interior de nuestras abuelas. Vuelven prendas desterradas hace tiempo, como la combinación. Se estila el sujetador a la vista, pensado para ser lucido. Hay quien afirma que llevar un buen sujetador mejora instantáneamente el estado de ánimo de quien lo viste. Y los que aportan una visión médica y proclaman que la prenda evita la flaccidez del pecho y muchos dolores de espalda.

En conclusión: no hay conclusión posible. Cada mujer es libre para elegir y cada par de tetas tiene sus necesidades (y también sus posibilidades). Escondidas, a la vista, apretadas, juntas, liberadas o subrayadas por el mejor de los sujetadores ‘push-up’, que cada mujer del planeta medite un momento y decida. Aunque, por desgracia, estamos lejos de eso. La pandemia afecta a todo el mundo, sí. Pero sus consecuencias varían mucho de un lugar a otro.