Los gozos y las sombras, por Joan Tapia


Al escribir he recordado el título ‘Los gozos y las sombras’ de la gran trilogía de Gonzalo Torrente Ballester. En la semana ha habido buenos datos económicos que, por desgracia, no han tenido correspondencia en el campo político. Ahí, la crispación manda y amenaza la estabilidad y la gobernabilidad.

El FMI ha lanzado dos mensajes alentadores. Uno, para las economías desarrolladas, los efectos negativos de la crisis del coronavirus van a ser mucho menos graves que los de la crisis financiera de 2008. El episodio lamentable de la AstraZeneca, que causa mucho ruido y comprensible angustia a los ciudadanos afectados, sería así solo un daño colateral del gran éxito científico de la vacuna, que va a sacar al mundo de una muy grave crisis sanitaria y económica.

El Fondo también cree que la economía española, que fue la europea que más se desplomó en 2020 por la dependencia del turismo, va a rebotar con fuerza este año -más en el segundo semestre- y va a crecer nada menos que un 6,4%, por encima del 4,4% de la zona euro. Seguiremos teniendo un alto paro, como antes, y problemas de déficit púbico, también como antes, pero saldremos del marasmo

Además, los datos de empleo de marzo, que comenté el miércoles, han sido mejores de lo esperado y confirman que cuando bajan las restricciones se reaniman la economía y el empleo. Lo esencial es que en marzo, entre los 70.000 nuevos empleos y los 140.000 trabajadores que salieron de los erte, se crearon o recuperaron 210.000 empleos activos.

Y el índice PMI de IHS Markit, que con solventes encuestas radiografía cada mes la economía de muchos países, ha sido muy positivo. El PMI manufacturero de la zona euro -el 50 marca la frontera entre contracción y crecimiento- se situó en marzo en un muy alentador 65,2. Y en España saltó al 56,9 frente al 52,9 de febrero. El director de IHS Markit Paul Smith concluye: “La economía manufacturera de España se benefició de un marzo estelar, ya que el crecimiento de la producción alcanzó su mejor nivel en más de tres años por el fuerte aumento de la demanda tanto interna como internacional”. 

Claro, el PMI compuesto -que recoge también el sector servicios y el turismo– tuvo un repunte menor y se situó en 50,1. Pero venía del 45 de febrero y ya hemos salido -por los pelos- de la zona de contracción.

No son datos para brindar, pero indican que -si las cosas no se complican- no vamos a peor, sino que estamos ya algo mejor. 

Hasta aquí los gozos, pero hay sombras. La primera es que ocho semanas después de las elecciones, Catalunya sigue bloqueada. No ha habido ni un mísero contacto entre los dos partidos con más votos, el PSC y ERC, que también son los que ganaron -en orden inverso- las últimas legislativas y municipales. Lástima, porque sin un mínimo diálogo entre Illa y Aragonès será difícil encauzar el conflicto de los últimos años. Pero lo peor es que tampoco parece viable un pacto serio entre ERC y JxCat, porque sus posiciones son muy distantes.

Y en España las elecciones anticipadas de Madrid lo dominan todo. La derecha sin complejos de Isabel Ayuso quiere barrer a Cs y a la izquierda diversa de Pedro Sánchez y a solistas como Pablo Iglesias. Y lo más preocupante es la escalada de la crispación. Muestra: el mitin de Vox en Vallecas y la reacción airada de la extrema izquierda.

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El 4 de mayo pasará. Pero la polarización y la total falta de consenso no son la adecuada pista de aterrizaje para los esperanzadores datos económicos. ¿Pueden las sombras acabar ahogando a los gozos?