Qué malos somos | Artículo de Mar Calpena


Prepárense, ciudadanos. Se acabó Semana Santa y ya estamos otra vez en el punto en que la culpa de los contagios es nuestra por habernos movido, haber existido o haber maximizado de algún modo nuestras posibilidades de ocio. Se nos mostrarán las imágenes de los incívicos -que, sin ser pocos, desde luego no son la mayoría- y se nos dirá otra vez que hemos vuelto a llenar las ucis, y que si nos daban permiso para salir no era para que saliéramos, ¡a quién se le ocurre semejante idea!

Vergés y Argimon levantarán mucho la voz en su rueda de prensa, indignados con las opiniones críticas de la prensa, porque quítate tú, que no sabes y no tienes empatía, que cómo vas a entender si no eres médico que la salud no es únicamente física, sino que depende también de la economía (y nosotros nos distraeremos con este falso dilema, mientras omiten el coste extra que supone para las arcas públicas cada repunte de la pandemia, y el dato de que son los departamentos de Treball, Empresa o Benestar Social a quienes compete la gestión sobre este ámbito) Y nada, se decidirá que de todos los grupos de presión a los que hay que escuchar, el de menos es el de los sanitarios, que ya se sabe que son muy sacrificados. Y que lo mismo da que el propio departamento tuviera unos indicadores diagnósticos que tenían que guiar sus decisiones sobre reaperturas, porque total, hace ya varios meses que de ellos no se acuerda nadie.

Te puede interesar

Y así el día 19 de marzo se dirá que es importante dar aire, y que quienes tengan una segunda residencia y vivan en una burbuja familiar pueden cambiar de comarca para gastarse el dinerito -ahí sí se permite el contacto humano-, y que la salud mental de quienes no tienen burbuja, o cuya familia está fuera, pues ya para otro día. Y el día 7 de abril el mensaje en cambio será que cerramos otra vez, que qué sorpresa que repunten los contagios, y que se acabó porque hemos sido todos muy malos. Y ovación y vuelta al ruedo, y caerá mucha gente cuyo contagio hubiera podido evitarse, hasta que al fin las ucis se vacíen otra vez mínimamente y de nuevo reabramos pronto y mal. Y así seguiremos los ciudadanos, corriendo en círculos como un hámster, con cara de idiotas, esperando el día en que nos lleguen las vacunas o la muerte.