Seat y el coche eléctrico, por Joan Tapia


La crispación de la campaña de Madrid ha restado titulares y protagonismo a la crisis de Catalunya que, más de dos meses y medio después de las elecciones del 14-F, sigue sin un acuerdo que permita elegir presidente y formar gobierno. El 26 de mayo -fecha límite para evitar una catastrófica repetición electoral- está cada día algo más cerca. Y este lunes Elsa Artadi, una de las principales negociadoras de JxCat, no insufló ánimos al decir que el acuerdo podía tardar “tres días o 23”, y que además luego se sometería a referéndum de la militancia. ¿Y luego al de la CUP?

Javier Pacheco y Camil Ros, secretarios generales de CCOO y UGT, afirmaron la semana pasada en un artículo conjunto en este diario que la ausencia de un gobierno efectivo en Catalunya contribuía a la decadencia económica. Y más en un momento en que, como consecuencia de la herida social y económica del coronavirus, las economías y las empresas deben afrontar un futuro que no puede ser solo de continuidad.

El presidente de Seat, el británico Wayne Griffiths, lo decía este domingo también en este diario: “En los primeros 30 años de mi carrera el automóvil evolucionó mucho, pero era solo evolución. Ahora es una revolución”. En España solo un 5% de los coches que se venden son eléctricos (y caros), dentro de muy poco, en 2030, para cumplir con la normativa europea, lo tendrán que ser más del 50%. Y Seat, que hace 70 años puso a España sobre ruedas, ahora quiere hacerlo sobre ruedas eléctricas con un coche de esta modalidad y un precio base de 20.000 euros.

Es una línea de futuro y Volkswagen, propietaria de Seat, quiere invertir ya que la fábrica de Martorell tiene muchas ventajas. Entre ellas un clima laboral adecuado en la relación empresa-sindicatos, con UGT y CCOO muy mayoritarias. VW, cuyo órgano máximo de dirección de 20 miembros es mixto accionariado-trabajadores y para el que acaba de ser elegido Matías Carnero, presidente del comité de empresa de Seat, sabe que este es un activo relevante. Pero el coche eléctrico necesitará la complicidad del Estado, en la red de recargas y en la fábrica de baterías, y la del Gobierno catalán. Y la Generalitat estuvo lamentablemente ausente en la celebración del aniversario de la empresa en la que participó el presidente de VW.

El coche eléctrico es clave para el futuro industrial y la Generalitat no puede estar al margen en las negociaciones para la fábrica de baterías con Seat, el Estado y otras grandes empresas. Si sigue así -y cada día es importante porque otros gobiernos autonómicos no están de vacaciones (perdón, no son provisionales)- el riesgo no es solo que la Generalitat se pueda convertir en irrelevante -como bien señalaba el director de este diario, Albert Sáez- sino que la economía catalana puede entrar en decadencia como advierten sindicatos y empresarios. El propio Javier Pacheco ha dicho que ya se estaban perdiendo puntos para la fábrica de baterías.

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Catalunya es aproximadamente la quinta parte de España en población y PIB y más de la cuarta parte en la exportación. Y para no deslizarse hacia la decadencia, que no siempre se nota de inmediato, necesita con urgencia un Gobierno efectivo que se preocupe del día a día. Discutir el futuro a medio y largo plazo está muy bien, pero no a costa de descuidar el futuro inmediato.

Seat y otras grandes empresas -de aquí y de fuera- están bien en Catalunya, pero necesitan un marco estable y un Gobierno aplicado que sepa que -al menos hoy por hoy- estamos en Europa a través de España.