Un pueblo llamado Paradise o cómo surgen comunidades de los desastres, por Carol Álvarez


Rebecca Solnit y Un paraíso en el infierno. El libro, publicado por la editorial Capitán Swing, incluye varios prefacios y un epílogo que hace varias actualizaciones que le dan contexto. Nació en 2010 para reflexionar sobre la respuesta ciudadana ante las catástrofes, pero diez años después la autora se sintió obligada a añadir un escrito tras el terrible incendio que devoró Paradise, un pueblecito de EEUU. Fue uno más de la cadena de incendios que arrasaron California y se llevó 90 almas, miles de familias se quedaron sin casa. Paradise, el paraíso, literalmente se desintegró. Solnit revive también los fuegos que en el verano australiano de 2019 acabaron con millones de animales muertos y cientos de especies extinguidas.

Retrata también la inquietud y angustia que generan, sensaciones que ya conocemos bien: Los vecinos de los barrios que colindan con Collserola, últimamente pasto de las llamas, pueden contarnos de su vida reciente, envuelta en un aire preñado de ceniza y humo y miedo.

De esas emergencias se sale. Se sale tocado, pero también más fuerte como comunidad, nos viene a decir Solnit. 

El Purgatory de Wynonna Earp

Que un desastre real o figurado une lo vemos en cualquier punto donde pongas el foco. No es Paradise, sino Purgatory, el nombre del pueblo de ficción donde sucede la acción de Wynonna Earp, una serie que mueve fans como pocas. En Purgatory conviven, mal que bien, demonios y otros seres sobrenaturales con los vecinos del pueblo de toda la vida, y la amenaza de que salte todo por los aires está siempre presente.

La cuarta temporada parece la última, pero ni siquiera esta habría llegado a la pequeña pantalla si no hubiera sido por la movilización de miles de aficionados, mujeres en su mayoría, que lanzaron campañas en redes y medios, colectas para promover acciones que difundieran su interés por una producción curiosa, que retrata personajes queer y defiende la diversidad allá donde otras producciones acababan liquidando al gay del reparto a la primera de cambio, Tanto Wynonna Earp como Legends of Tomorrow, una de las primeras series que dio protagonismo a un superhéroe queer (bienvenida Marvel y los Eternals a esta nueva liga), conectaron estrechamente con una comunidad que buscaba algo más que divertirse, también buscaban representación cultural. Cada intento de no renovación de la serie ha generado una nueva cadena de adhesiones. Es muy probable que los Earpers no tengan una quinta temporada, pero siempre tendrán Purgatory como un punto de encuentro permanente para reconectar con sus emociones.

El cis y nuestras emociones

La televisión, en confinamiento, fue una de las válvulas de escape que tuvimos, una tirita en un principio, para tapar la herida del aislamiento de los nuestros. El streaming nos salvó en muchos sentidos, nadie supera un trance como el que hemos vivido indemne. El último cis ha querido ahondar en las emociones que hemos experimentado los españoles en pandemia. Las relaciones sociales, como si fueran otros pulmones, dejaron de funcionar correctamente, solo que no era necesario tener el virus para experimentar esa asfixia. El último sondeo destaca también que, a raíz de la pandemia, muchas personas han empezado a «darse cuenta de la fragilidad de la vida» y de «la importancia de vivir el momento, el presente». Del 52,2% de españoles que afirma que la pandemia ha condicionado «mucho o bastante» la manera de cuidar su salud, a buen seguro no hablan solo de lo que comen o de hacer ejercicio. También de estar más tiempo con los suyos, de tomarse la vida de otra manera.

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El pulso a la ciudadanía que nos da la encuesta, la constelación de iniciativas que emprendemos para mantener los lazos en el ocio y también en el compromiso, como las mascarillas solidarias que tejimos, las redes de solidaridad vecinal en pandemia, son ese paraíso en el infierno del que habla Solnit, en un libro que podrá sumar nuevos prefacios hasta el infinito.