Cómo el ejercicio puede detener el avance del cáncer de próstata


El cáncer es un término genérico que designa un amplio grupo de enfermedades, que pueden afectar a cualquier parte del organismo. Todas ellas tienen un denominador común: las células cancerosas adquieren la capacidad de multiplicarse y diseminarse por todo el organismo sin control.

Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cáncer es la segunda causa de muerte en el mundo. Ocasiona cada año diez millones de defunciones, seis de cada seis muertes.

La comunidad científica se esfuerza por desarrollar tratamientos efectivos para la prevención o cura. El último descubrimiento: el ejercicio físico puede ser clave en la lucha contra el cáncer, según una investigación de la Universidad Edith Cowan (ECU), publicada en Medicine and Science in Sports and Exercise.

Proteínas que suprimen el crecimiento tumoral

El ejercicio hace que los músculos secreten proteínas llamadas mioquinas en nuestra sangre. Sobre esta pista trabajaron los investigadores del Instituto de Investigación de Medicina del Ejercicio de la ECU, que trabajaron con la idea de que las mioquinas pueden suprimir el crecimiento tumoral e incluso ayudar a combatir activamente las células cancerosas.

En un ensayo clínico, los pacientes obesos con cáncer de próstata se sometieron a un entrenamiento de ejercicio regular durante 12 semanas, dando muestras de sangre antes y después del programa de ejercicios, según explica la universidad en un comunicado.

Después, los investigadores tomaron las muestras y las aplicaron directamente sobre las células vivas del cáncer de próstata.

A juicio del supervisor del estudio, el profesor Robert Newton, los resultados ayudan a explicar por qué el cáncer progresa más lentamente en los pacientes que hacen ejercicio.

«Los niveles de mioquinas anticancerígenas de los pacientes aumentaron en los tres meses», señala Newton.

Un entorno supresor contra el cáncer 

“Cuando tomamos su sangre antes del ejercicio y su sangre después del ejercicio y la colocamos sobre células vivas de cáncer de próstata, vimos una supresión significativa del crecimiento de esas células a partir de la sangre posterior al entrenamiento”, sigue el responsable de la investigación

Newton pone en valor los resultados del estudio y cree que son relevantes, porque «indican que el ejercicio crónico crea un entorno supresor del cáncer en el cuerpo».

Combinación ganadora

Por su parte, el responsable de la investigación, Jin-Soo Kim, puntualiza que, si bien las mioquinas pueden indicar a las células cancerosas que crezcan más lentamente, o se detengan por completo, no pueden matar las células por sí mismas. Es la asociación con otras células lo que ayudaría a combatir activamente el cáncer.

“Las mioquinas en sí mismas no indican a las células que mueran. Pero sí envían señales a nuestras células inmunitarias, las células T, para que ataquen y destruyan las células cancerosas», apunta Kim.

Además, Newton recuerda que el ejercicio también complementa otros tratamientos para el cáncer de próstata, como la terapia de privación de andrógenos, que es eficaz y se prescribe comúnmente, pero también puede conducir a una reducción significativa de la masa magra y un aumento de la masa grasa. Esto puede resultar en obesidad sarcopénica (ser obeso con baja masa muscular), peor salud y resultados de cáncer.

Esta información no sustituye en ningún caso al diagnóstico o prescripción por parte de un médico. Es importante acudir a un especialista cuando se presenten síntomas en caso de enfermedad y nunca automedicarse.


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