La medicina también está marcada por una severa inequidad de género


El 5 de febrero de 1905 se inauguró el Hospital General de México (HGM) y el 11 de febrero de 2019 la médica radióloga Guadalupe Mercedes Lucía Guerrero Avendaño fue nombrada directora del mismo, es decir, debieron pasar 114 años con seis días —una guerra de Independencia y otra de Revolución— para que una mujer encabezara dicho instituto. Justo cuando recibía el cargo uno de los cirujanos le espetó a quienes tenía enfrente: “No sé qué tanto celebran. La doctora debería estar en casa cuidando a sus hijas”.

Al impartir la charla El liderazgo de la mujer en medicina, organizada por el Instituto de Fisiología Celular en el marco del 8-M, la doctora Guerrero compartió que descalificaciones como la anterior han sido una constante a lo largo de su vida y que, en este punto de su carrera, ha escuchado demasiadas cosas absurdas, como aquel reclamo que le hizo un compañero cuando supo que ella quería estudiar ginecología: “No entiendo, eso es una especialidad de hombres”.

Para la ponente existe una apabullante inequidad de género en su profesión (y en muchas otras), la cual pesa tanto que si se quisieran igualar las cosas sería necesario dar puestos de liderazgo en exclusiva a mujeres por 61 años tan sólo para emparejar escenarios, y esto se hace evidente al analizar casos como el de la Facultad de Medicina de la UNAM, que desde su fundación en 1833 como  Establecimiento de Ciencias Médicas ha tenido a 48 varones en la dirección y, en sus 188 años, jamás ha habido una mujer al frente.

Sin embargo, esta disparidad no es porque sean pocas quienes se dedican a la carrera. De hecho, de todos los médicos de México el 57 por ciento es femenino y, sin embargo, dos terceras partes de los puestos pagados en el rubro son acaparados por hombres, mientras que ellas ganan, en promedio, un 30 por ciento menos.

Pese a esto, la doctora no cree en las cuotas de género, sino en darle a cada cual lo que merece a partir de su preparación y capacidades. “A fin de cuentas somos iguales, sólo nos diferencian los cromosomas y el más importante es el X, justo el que nos hace mujeres, aunque esto último habríamos de debatirlo”.

Abrir brecha para las generaciones venideras

 La gestión de la doctora Guerrero Avendaño en el Hospital General de México ha sido reconocida por su eficiencia, en especial en estos tiempos de pandemia. “Estamos en el mero covidero”, bromea la especialista en alusión al número de espacios que debieron reconvertirse en la institución para atender la emergencia.

Sobre el papel que le ha tocado desempeñar como primera directora del HGM después de 40 directores varones, la radióloga reconoce que es una gran responsabilidad pues sabe que esto la vuelve un ejemplo para las nuevas generaciones; sin embargo, aseveró que ese logro tan personal no hubiera sido posible sin todas esas pioneras que estuvieron antes que ella, abriéndole brecha.

“Y todo empieza con Matilde Petra Montoya Lafragua, la primera mexicana que recibió el título de médico cirujano partero en 1887 (ello con un permiso especial de Porfirio Díaz, ya que no se estilaba concederle dicho grado a mujeres) y quien, junto con  Aurora Uribe, fundaría en 1925 la Asociación de Médicas Mexicanas”.

Este precedente sirvió para que cada vez más interesadas se inscribieran en la carrera y, poco a poco, ganaran reconocimiento, aunque esto no se dio de manera inmediata ya que sería hasta septiembre de 1957 (es decir, 93 años después de su fundación) que la Academia Nacional de Medicina admitiría a Rosario Barroso Moguel como su primer miembro femenino.

“Otros personajes que han marcado el liderazgo de la mujer en la medicina en México son Mercedes Juan López, la primera secretaria de Salud (de 2012 a 2016); María del Sol García Ortegón, la primera mexicana en realizar un trasplante de corazón (2017) y Eva Ramón Gallegos, la científica que logró erradicar al 100 por ciento el virus del papiloma humano (segunda causa de muerte entre las mexicanas)”.

Por ello, la doctora Guerrero Avendaño confía en que las condiciones entre hombres y mujeres en la medicina serán más equitativas y que las nuevas generaciones no deberán padecer lo mismo que ella.

“Yo debí esforzarme mucho más que mis compañeros y siempre se me reconoció mucho menos, pero esto se debe ir modificando. Mientras seamos más quienes avancemos por esta ruta y señalemos las desigualdades lograremos allanarle el camino a las jóvenes que vienen detrás; aún resta mucho, pero está en nosotras el lograrlo”.

 

UNAM Global