¿Qué está pasando con los médicos anestesiólogos en Mendoza?


Es un día más como todos en el quirófano, de domingo a domingo. Uno sabe cuando entra pero casi nunca sabe a qué hora va a salir. El equipo quirúrgico se prepara para varias horas de trabajo. Encerrados entre cuatro paredes, sin más luz que la de una lámpara gigante sobre la camilla, la única luz que veremos en todo el día y muchas veces hasta muy entrada la noche. Con la vestimenta habitual y obligatoria, reforzada ahora por la pandemia, que no cambia haga frío o calor, funcione o no el aire acondicionado o la calefacción. Sin poder salir del lugar para comer o ir al baño o para bajarte el barbijo y tomar un poco de aire. Bajo un stress que ya hemos naturalizado, pero que sabemos no se vive en otros ámbitos, porque en esa camilla está el paciente que batalla una enfermedad, y que con dolencias y temores se pone en nuestras manos, porque sabemos que de estas y de nuestras decisiones depende su salud y muchas veces su vida.

Somos uno más en el equipo quirúrgico, pero no uno cualquiera y aunque muchas veces pasemos inadvertidos o invisibilizados, la vida de quien reposa en la camilla de operaciones está a nuestro cuidado.