Revisión del lenguaje desde Klemperer, un ejercicio lingüístico para la libertad


Victor Klemperer

 Nadie hace ni dice nada, todo el mundo tiembla y repta

Victor Klemperer

La indignidad del ataque nos confiere dignidad

Elías Canetti

Dresde, Alemania, en 1933, dos objetos llaman la atención de un inquieto profesor de filología, una pelota de goma expuesta en una juguetería y un tubo  de pasta dental, ambos llevaban el símbolo de la cruz gamada, dos objetos tan disímiles que encontraban comunidad en un símbolo, una semiología que dejaría una honda cicatriz en la humanidad y la impronta imborrable del horror del nacionalsocialismo, el agente de esta advertencia semiológica que para la inocente Dresde y la atolondrada Alemania pasaba desapercibida era Victor Klemperer, un filólogo y docente, étnicamente judío, protestante y casado con la pianista Eva  Schlemmer, este hombre, valiente más allá de la capacidad descriptiva del lenguaje, se encargaría de compilar el horror, el atropello a la dignidad humana y la brutalidad feroz de Adolfo Hitler, quien con una camarilla de su misma ralea amoral secuestraran el ejercicio del poder en la cuna del pensamiento filosófico.

Once años después en 1944, Victor Klemperer horrorizado vería desfilar a mujeres exhibiendo vientres dispuestos para que sus futuros hijos obrasen en pos de la solución final y la guerra total del Führer, así Alemania pasaría a estar totalmente dominada por un ideología para el mal, cuyo germen subyacía en el lenguaje degradado y pobre, además de ser conducida a una guerra en palabras de Klemperer, Alemania se convertía en una inmensa carnicería. En 1933 Hitler llevaba dos meses al frente de la Cancillería de la moribunda República de Weimar, dos hechos fortuitos  marcaron ese tránsito de la historia el incendio del Reichstag y las elecciones para elegir canciller, ambos hechos promovidos por el corsi e ricorsi, de la historia cíclica de Vico, llevarían  el sello del horror que se cernía sobre Alemania y el mundo entero. El 5 de marzo de 1933 se sellaba el inicio de la revolución total y la dictadura perfecta en palabras de aquel filólogo, quien decidió residir y compilar el horror desde las fauces del lobo.

Klemperer se reprocharía el haberse quedado, pero el proyecto de su esposa por construir una casa unifamiliar en Dresde, la cual le sería expoliada,  lo hizo permanecer enterrado en vida en aquella hostilidad y violencia, su condición de judío casado con una aria, le permitiría ciertas licencias, las cuales les serían progresivamente suprimidas, hasta obligarle a llevar la ominosa enseña amarilla de la estrella de David, no se imaginaban ni él ni Eva que Dresde sería arrasada por los bombardeos aliados durante la noche del 13 al 14 de febrero de 1945, hecho que precipitó la huida de la pareja de Dresde hasta Baviera, para que el propio filólogo fuese capaz de observar con estupor el proceso de expansión de la lengua paralela, la lengua del III Reich o la “Lingua Tertii Imperii”.

Esa lengua que crecía paralela al alemán oficial, carecía de argumentación seria y profunda, estaba plena de procacidades, insultos e histrionismos innecesarios que buscaban conectar con la masa, desvincular, escindir el individualismo y la libertad y hacerlo corporativismo, lenguaje de cuartel. En su diario, en el cual Klemperer registró este fenómeno desde las esferas de los documentos escritos y de los discursos cada vez más orales en detrimento de la escritura y la profundidad,  advertía el horror que suponía acotar el lenguaje y hacerlo pobre para desde esa postura lograr colonizar los paradigmas, una serie de repeticiones, mentiras y argumentaciones falaces, permitieron a Hitler mutar la verdad para desmontarla, el lenguaje así solo era un mecanismo de alienación perversa, de cruel abyección negativa de la verdad, instalando los seis pasos descritos por el filólogo para un  proceso de quiebre de la democracia y del Estado de Derecho:

  • Negar y ocultar la verdad, instalar la mentira y la contradicción como formas de relación cotidiana entre la autoridad y los gobernados, una instalación infecta de la gobernanza.
  • Manipular la interpretación política, económica y social.
  • Aislar entre sí a las personas, una vez escindidas de lenguaje.
  • Hundir a la sociedad en el conflicto y la división para imposibilitar cualquier vía de acuerdo o negociación, atrofiando y anulando las capacidades cognitivas del individuo, volviendo al hombre masa.
  • Imponer el pensamiento único, la advertencia de la distopía totalitaria de Orwell.
  • Abolir instituciones de formas democráticas, negar la libertad de mercado y la libertad individual, conjurando la propiedad como derecho humano.

Con hórrida sordidez, todos los pasos se cumplieron en la Alemania del III Reich, una sociedad estructurada fue sometida a un proceso de empobrecimiento del lenguaje que se desarrollaba en la misma proporción que el proceso de desarrollo de una lengua paralela, usando la distopía total de Orwell, se desarrollaba un fenómeno de neolengua que atentaba en contra del Estado, de la libertad y del ser humano.

Klemperer de manera acuciosa se refugió en la investigación de la “Lingua Tertii Imperii”, para soportar la andanada de improperios y vejámenes de los cuales se hacía receptor por la odiosa e infecta legislatura nazi, la LTI, como en secreto la llamaba Klemperer, era en esencia  limitada hasta en procacidades, según el filólogo, la imaginación no les daba para más. Otro síntoma de la intoxicación lingüística advertida por Klemperer lo constituía la megalomanía y el gusto por cifras hipertrofiadas, abultadas y ridículamente inverosímiles, las cuales solían aflorar en los momentos de mayor desastre para la tiranía.

El LTI, de Klemperer fue capaz de advertir como hasta las imágenes, signos y símbolos se mutaban para consolidar una realidad insostenible, así en el largometraje de Leni Riefenstahl, se usaban los términos “carácter” y “voluntad” como opuestos a los términos de “intelectual” y “judaísmo”. El III Reich se encargó de imponer el término de cosmovisión  en alemán  (Weltansschauung), con el firme propósito de cosificar el pensamiento, de expoliar a la filosofía; la capacidad de filosofar o pensar fueron evidentemente odiadas por el régimen y su intoxicada lengua. En palabras de Klemperer “Filosofar es una actividad intelectual, del pensamiento lógico, y el nazismo se enfrenta a él con una hostilidad que sólo merecía el más mortal de los enemigos”.

Haciendo ininteligible al lenguaje, vaciándolo y recalificando su capacidad significativa, se contribuía a la pobreza del espíritu y a la dominación total, términos extrapolados de la jerga intoxicada y venenosa de la LTI, en el III Reich, de guerra total y voluntad total, el filólogo pudo advertir desde la convivencia con el mal y desde las fauces del lobo, la lengua intoxicada y venenosa del tirano. Imaginemos lo que significaría para Klemperer como judío, escuchar los acotados, repetitivos y no menos crueles  discursos de Goebbels al referirse a una Alemania limpia de judíos “Junderain”, ese horror lo compilo de manera valiente y coherente un diccionario de la LTI.

Victor Klemperer fue un testigo de excepción, pues pudo desarrollar su teoría sin ser intoxicado por la lengua venenosa que  denunciaba y además servir de guía para evitar que otros que al igual que él se oponían al avance nazi, empleasen este seudolenguaje o lengua pobre del III Reich, en palabras de Klempeler. “El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresión de formas sintácticas, que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente”. La pobreza radicaba en la repetición absurda de eslogan, frases incendiarias y un discurso presto para la despersonalización, cada palabra vacía y sin argumento escindida de significación eran una dosis de arsénico para el lenguaje, que termina aislando al hablante, atrofiando la gnosis e imponiendo un pensamiento único.

En el testimonio de Klemperer, escudriñamos una advertencia sobre los estragos que la intoxicación del lenguaje pueden producir, desestructurando la sociedad, haciéndola disfuncional, primando el vicio sobre la virtud, justificando el crimen sobre la justicia, mutando la verdad en ficción e instrumentalizando el poder total sobre la sociedad. La intoxicación de la lengua, la irrupción en los paradigmas y la potabilización de la crueldad ocurrieron y afectaron a una sociedad no de anormales perversos, sino de ciudadanos quienes libaron de ese néctar tóxico de la pobreza del lenguaje.

Así la palabra aislada y repetida para intoxicar la lengua, según Klemperer   “permite de pronto vislumbrar el pensamiento de una época, el pensamiento general en que se inserta el pensamiento del individuo, por el que es influido y tal vez dirigido”.

Esa inscripción del pensamiento individual en el pensamiento de la masa, borra la individualidad y allana el camino hacia la dominación total, atrofia la gnosis y produce un nivel de letargo colectivo, en donde se induce la primacía de la LTI, o del lenguaje venenoso. Por toda Alemania y aun después de la derrota del III Reich, las expresiones de la lengua paralela, ruda y pobre se seguían ejecutando.

En Venezuela presenciamos también  la pobreza del lenguaje,  la repetición consecuente de términos pobres y sin significado; las formas procaces de la lengua de la revolución imponen el control social como resultado, se toman sus formas, su sintaxis y se establecen locus de comunicación en los cuales el lenguaje actúa como un instrumento para producir pobreza y hacerla tolerable, incluso deseable.

Venezuela vive un proceso de construcción de un lenguaje alterno, paralelo, robotizado y cuartelario, una suerte de militarización de todos los estamentos de la vida; no hay mala conducción de la economía y por ende una impensable crisis humanitaria, sino el supuesto de una guerra económica, este término se repite millones de veces, hasta lograr hacerlo digerible por el grueso de la población.

Al igual que en el LTI de Klemperer, existe la idea de la disminución a lo absurdo en estadios maquinistas o industriales, así como el III Reich era el motor de la Alemania nazi, en Venezuela contamos con catorce motores productivos, con el  mismo desparpajo se miente y se tuerce la verdad, el desastre se morigera con la construcción de un enemigo externo, la oposición ha hecho lugar común en los términos usados desde el veneno lingüístico, se escucha como se emplea el término camarada, comando, comandante, supremo líder, líder y cuanto circunloquio indique la depauperación del lenguaje. A su vez términos despectivos como escuálido y pitiyankee, son revalidados y reforzados por quienes se oponen al régimen.

El término imperio sustituye  a Estados Unidos, de manera jocosa e hilarante, lúdica para usar un término de Aldous Huxley, se acuden a estos lugares comunes de la intoxicación de la lengua, de manera inconsciente se valida el discurso empobrecedor del lenguaje, que en el caso de nuestro país se desarrolla de la mano de un proceso acelerado de pobreza material, la pobreza del lenguaje en nuestro país tiene comunidad con lo acaecido en Alemania, de hecho existe una coincidencia que produce angustia, el III Reich se hacía llamar eterno imperio alemán y en nuestro país la lengua paralela califica a Chávez como líder eterno; la misma ausencia de significación y el mismo gusto por la megalomanía.

Asumir de manera democrática el talante del hablante, desconocer el uso del lenguaje del régimen por avieso e impreciso, es el verdadero reto, desintoxicar la lengua, dejar de caer en la trampa de la distopía lúdica propuesta por Aldos Huxley; sí de recuperar y  mantener la comunicación, la política y la libertad se trata, solo quién vigila pueda mantener sus libertades y solo quienes están constantes e inteligentes en sus puestos pueden aspirar a gobernarse efectivamente por procedimientos democráticos.

Debemos aceptar la existencia del problema, aceptar que se ha iniciado el transito totalitario desde el Estado con fines del control social, usando una lengua intoxicada, por palabras aisladas,  palabras pobres, empleo de propagandas, adoctrinamiento y rescritura de la historia. Desconocer  la procacidad, la deshumanización y el insulto constituye un paso de marcada diferencia, con el lenguaje tóxico de la hegemonía que ocupa en poder.

Evitar jugar en los terrenos farragosos del régimen supone esterilizar sus provocaciones hacia el espectáculo, la farándula y el show, el mundo real no es un espectáculo, la fuerza de la mentira inmanente a la imagen hace a lo falso más veraz, la programación aviesa del régimen busca entronizar la civilización del espectáculo, el escándalo y la propensión sensacional del pulso cotidiano de la vida, para inocularnos de esta patología en los lenguajes verbales. Debemos prestar atención a la advertencia de Sartori en Homo Videns, distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre el discurso vacío e instrumental del control.

Debemos asumir la postura de Canetti, quien fue un brillante investigador de la lengua para la cultura de la libertad, no podemos perder la esperanza en la lengua y en su potencialidad para reconstruir las formas éticas y estéticas de una sintaxis para la vida ciudadana y moral. Es necesario mantener vivas las palabras, cada palabra aunque surja del dolor y la desesperanza, se convierte en lemas de esperanza, en aquello que debe ser dicho y escrito, sobre todo lo segundo pues en el lenguaje de la escritura reside la verdadera esperanza de la profundidad argumentativa, el germen de la civilidad y la conciencia individual de la libertad, cada oración bien construida para la ética y la estética de la fina sintaxis, nos reconcilia con el ideal de construir cadenas de causabilidad veraces y sobre todo estancas e imposibles de ser colonizadas por la mentira oficial. Volvamos la vista a la verdad y a la lengua esterilizada de cualquier ademán de comando u orden, asumamos el rol de ser dueños y artífices del relato, seamos libres en nuestras maneras de hablar, pensar y redactar y desechemos el lenguaje charlatán del opresor.

Como corolario una vez devuelta la lengua, hacia sus fines de canalización para el pensamiento libre y ciudadano, debemos emprender une verdadera cruzada para educar y no reeditar este horror, regresar la mirada a la sentencia de Theodor Adorno, educar para no repetir Auschwitz, si la educación tiene algún sentido es garantizar que el hombre no se torne absolutamente cruel y perverso, de reconquistar la libertad el Estado debe proteger de manera clara y sin relatividades el lenguaje, la libertad de expresión y evitar por medio de legislaciones claras que los procesos de adoctrinamiento se establezcan de nuevo desde la naufragada escuela y la desaparecida familia, el proceso por limpiar la lengua, es rescatable así lo señalaba Orwell en  su obra “La política y la lengua inglesa”: “Lo importante es que el proceso es reversible. Las palabras y las expresiones necias suelen desaparecer no mediante un proceso evolutivo sino a causa de la acción consciente de una minoría, tiene mucho que ver con desechar las palabras o modismos que se han desgastado y perdido su utilidad, lo que se necesita es que el significado elija a la palabra y no al revés”.

Esta es una invitación a la coherencia y la valentía, para desechar el discurso del odio y el rencor, para adoptar una postura ética y estética previa al discurso y a su acción, el ejercicio lingüístico para la libertad supone el abandono consciente, ético y valiente del lenguaje intoxicado del régimen, reconocer como falsos e incompatibles con la libertad y la dignidad, a las palabras, insultos, lemas, frases y mitos idénticos a los propulsores de la neolengua o de la lengua paralela, usar la coprolalia, la procacidad, la chabacanería pendenciera, o intentar hacer ironías, mofas o sarcasmos resulta por completo inefectivo, se constituyen estos actos en formas involuntarias de colaboración, legitimación y hasta de refuerzo de la lengua tóxica, ya que al ser usadas en el vocabulario ingresan a la mente y logran colonizar los paradigmas de quienes se oponen al copamiento total.

Debemos asumir la tarea de identificar, denunciar y rechazar con lenguaje sencillo, la ambigüedad, manipulación y ocultamiento de la verdad propios de la lengua tóxica, paralela o de la neolengua, debemos elaborar una suerte de  nuestro propio libro negro de amplia difusión de la jerga del opresor, para que una vez conquistada la institucionalidad, la dinámica democrática se encargue de suprimirla, extirparla a través de medidas apropiadas, de su empleo en actos formales, textos escolares, leyes, sentencias, discursos, decretos, hasta recuperar la certeza del habla compartida y cohesiva.

Finalmente, potenciar el pensamiento crítico, coherente y liberal, descubrir y robustecer las ideas en su sentido original, así como cultivar la duda razonable ante el poder y la discusión en la convivencia, recuperar la capacidad de argumentar; dejar el odio y el resentimiento hacia la idea de libertad individual, propiedad privada y límites del Estado, la subsidiariedad del gobierno en la economía, asumir que la pobreza es abatible con esfuerzo y responsabilidad y no con estatismo, y la falacia de la justicia social; se debe reformar el poder ilimitado del gobierno en la economía, el centralismo y el militarismo. Estas líneas tomadas de la obra de Klemperer y adaptadas a estos tórridos y mustios años que vive Venezuela, deben comprometernos con la idea progresiva, humana y digna de establecer un ejercicio lingüístico para ejercer la libertad, proponer una vía clara desde ya para evitar caer bajo la urdimbre tóxica de la lengua de la V República.

Solo en las palabras subyace la verdad, ese es el reto asumámoslo y emprendamos la tarea, con, por y para la libertad y la decencia.        

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