Salud mental en Chile | La Tribuna


Nadie duda de los efectos de la pandemia en la salud mental de la población. Incluso, se da por hecho que sus consecuencias no expirarán cuando sea superada esta circunstancia, previéndose que durarán mucho tiempo.

A propósito que el pasado 10 de octubre fue el Día de la Salud Mental, es fundamental relevar la magnitud de este fenómeno que, en el último tiempo, ha empeorado en comparación con el tiempo previo al inicio de la emergencia sanitaria por el Covid-19, y que urge a tomar medidas prontas para abordarlo.

El Tercer Termómetro de la Salud Mental, realizado por la Asociación Chilena de Seguridad y la Universidad Católica de Chile, deja al descubierto una realidad preocupante: prácticamente el 50% de los chilenos experimenta síntomas de depresión por la pandemia.

Para ser más precisos, el 46,7% de las personas presenta algún grado de depresión usualmente menor, por lo que alcanza a calificar como patología.

A través de todas las mediciones hechas en dicho estudio desde 2020, las mujeres han mostrado mayor prevalencia en este tipo de síntomas y durante abril llegaron a un 54,7%, 17 puntos más que los hombres.

La proporción que presenta síntomas depresivos en algún grado es menor en el grupo de universitarios y mayor entre los menos educados. Así también, más de la mitad de las personas en estado “separados” (51,7%) presentan estos síntomas, casi 9 puntos adicionales de prevalencia sobre las personas “casadas/convivientes”.

Asimismo, un 45,9% de las personas entre 21 y 68 años en el país evalúan que su estado de ánimo actual es peor o mucho peor en comparación con la situación anterior a la emergencia sanitaria. Esta cifra nunca ha bajado del 42% desde que comenzó esta medición.

Otro factor importante es el insomnio. Un 46,9% presentó algún grado de problema para conciliar el sueño. El estudio concluyó que un 19,8% de la población entre 21 y 68 años presenta problemas de insomnio moderado o severo. Más de la mitad de los entrevistados (52,4%) admitió tener algún grado de dificultad para levantarse más temprano de lo deseado.

Los datos, que fueron divulgados en mayo pasado, son muy ilustrativos de una realidad que incluso puede ser mucho más severa. Por lo mismo, conocer esta información es fundamental para generar un espacio de reflexión acerca de la manera como los antecedentes de salud física, los efectos económicos y el estilo de vida durante la pandemia se relacionan con el deterioro de la salud mental en nuestra población.

Y, lo más importante, deben ser desencadenantes de planes y programas que permitan abordar esta realidad sin que se circunscriba solo al ámbito de la atención de salud, sino que desde una perspectiva mucho más amplia que considere las determinantes sociales.

Lo anterior debe ser fruto de una discusión amplia y participativa que incluya estrategias para abordar todas las variables que están en la base de los problemas de salud mental que se ven hoy en Chile.